EFEMálaga

Gloria, profesora jubilada, se sienta como cada mañana en su salita en Málaga e inicia un rito ya habitual: con las manos bien lavadas y la boca protegida, empapa un trapo en agua y lejía para desinfectar mesa, tijeras y máquina de coser; mientras Juan, el marido, coge las sábanas de su ajuar y con esas tijeras las rompe.

Llevan 41 años casados y cuando decidieron empezar a hacer mascarillas, ante la actual crisis sanitaria del coronavirus, no dudaron ni un minuto en sacar de su armario las sábanas que ella aportó cuando contrajeron matrimonio.

"Cuesta coger nuestras sábanas, que tienen tantos años, y cortarlas; pero lo hacemos con mucho amor y cariño porque sabemos que es una causa muy importante y muy buena", explica a Efe Gloria.

Cuenta que el tejido que usa para confeccionarlas tiene que ser cien por cien de algodón para aguantar las altas temperaturas necesarias para matar al virus.

"Al principio, como no teníamos material, recordé que en los 70 las sábanas de novia eran de una marca que las hacía solo de algodón, así que a pesar del valor emocional, lo primero que hicimos fue sacarlas", comenta.

El esposo, también profesor jubilado, aunque no sabe de costura, ayuda a Gloria como puede: ata hilos y corta cintas y cuadros de tela. Llevan más de dos semanas y hacen más de veinte al día.

"Con la práctica cada vez vamos más rápido", explica ella, que dedica todo el día a fabricarlas: comienza cuando se levanta y pasa toda la mañana frente a la máquina de coser, aunque para no hacer ruido y evitar molestar a sus vecinos, se detiene a la hora de la siesta.

Gloria y Juan pertenecen a un grupo mucho más grande: cerca de cien personas forman ya parte del proyecto que creó una enfermera del Hospital Materno-Infantil de Málaga, Ana Elena, gracias al que inicialmente se repartieron más de 3.000 mascarillas.

"Yo no sabía hacerlas, así que llamé a mis amigas del pueblo, donde quedan algunas costureras", detalla a Efe la enfermera. "Me dijeron que allí no llegaba ni una mascarilla y que había gente que, aunque no sabía hacerlas, quería aprender", comenta.

Cuenta que después de escucharlas contactó con el cura de la parroquia de El Salvador, en Málaga, que le recomendó que grabara un vídeo explicando la iniciativa para difundirlo por grupos de la parroquia y que así se pudiera unir todo el que quisiera.

Fue así como Juan y Gloria conocieron este proyecto solidario y, aseguran que "no hay mayor recompensa que poder llegar a muchísimos malagueños que están, los pobres, al pie del cañón trabajando sin ninguna protección, ni para ellos ni para los demás".

Gloria confiesa que le da mucha pena cuando, desde su terraza o la ventana, ve que por la calle camina gente que no va protegida: "todos deberíamos llevar algo que nos cubra la boca cuando salimos a comprar. No deberíamos fiarnos porque es fundamental para frenar esta epidemia".

Dice que este proyecto es "imparable" porque cada vez les piden más y más mascarillas. Y ellos seguirán haciéndolas.

María Alonso