EFESevilla

Entre las decenas de casetas de la Feria del Libro de Sevilla se esconde un joven con barba y una máquina de escribir que ofrece poesía "para sanar el alma”, toda una declaración de intenciones que hace que muchas personas hagan cola un buen rato para conseguir un producto artesano salido de sus manos.

Es Darío Peinado, un joven madrileño que se compromete, y lo cumple, a redactar una poesía en menos de un minuto, y la entrega a cambio de "la voluntad", después de que los paseantes le ofrezcan algunos datos sobre lo que quieren que refleje el poema.

Es así de sencillo y a la vez sumamente difícil porque Darío solo necesita dos o tres palabras que describan a alguien para meter un papel en el rulo de su máquina y crear el poema, con una efectividad total, sin tachones ni faltas de ortografía, y con estrofas de cuatro versos perfectamente alineadas para lograr el resultado final.

“Me encontraréis en cualquier rincón de la Plaza Nueva de Sevilla para adentrarnos juntos en un mundo fantástico en el cuál todo es posible”, dice en sus redes sociales un hombre que se confiesa amante de su máquina de escribir “aunque en casa tengo un ordenador de última generación”, y que pasa los días en este enclave sevillano rodeado de gente que le pide que haga su particular labor.

Aunque todo el mundo en la feria dice que le ha hecho un poema “un chico con una Olivetti”, en realidad su máquina de escribir es una “Brother deluxe 1350 - Automatic Repeat Spacer”, producto de la compañía japonesa fundada en 1908, y que es relativamente fácil encontrar en distintas páginas de internet a partir de 30 euros.

Otra cosa es el estado de un aparato que hace años que no se fabrica: “cuando compré esta hace poco se la llevé enseguida a una persona que la puso a punto”, y además está resuelto el problema de los componentes, ya que “la cinta para escribir la compro a una empresa de Madrid que sirve a cualquier lugar, de modo que está garantizado tener ese componente”.

De esta forma, con una pelea constante contra la letra “E” del teclado, que le ha dado por descolgarse y no hay forma de dejarla quieta, una chica gaditana llamada Nuria se acerca a Darío y le da dos detalles de su vida, para fabricar al fin el poema, que entrega en un pequeño papel del tamaño justo para llevar en la cartera.

Lo único que no está escrito a máquina en el papelito es la firma del autor, que es manuscrita, mientras que la parte de abajo invita a visitar su perfil de Instagram, pero cuando saca el papel del rulo de la máquina, el trabajo no ha terminado, porque en ese momento se pone de pie y llega la hora de recitar lo que ha salido de sus manos en poco segundos.

Y todo, “por la voluntad”, con unos cinco euros de base, lo justo para que esté garantizado que tiene lo suficiente para enfrentarse a los gastos que le supone su actividad, que no tiene edad, porque en el rato que Efe ha pasado junto a él ha hecho unos cinco poemas, y cada uno para una persona distinta en edad y sexo.

A Darío solo le hace falta que un niño de 4 años no esté quieto un segundo para escribir: “Ruedas por el asfalto del parque/y por la hierba del monte/ruges como el león corriendo/y paras a la primera de cambio”, y así un largo etcétera de obras de arte poéticas que saldrán de sus manos durante la Feria del Libro de Sevilla.

Cuando termine esta cita comenzará a hacer las maletas, y en marzo se marchará de Sevilla en busca de un nuevo destino, con su máquina de escribir y sus ideas bajo el brazo y con muchas personas dispuestas a sanar su alma delante de él.

Fermín Cabanillas