EFEMálaga

Las movilizaciones ciudadanas obedecen a muy diversas causas -entre ellas las medioambientales- y en el caso de los vecinos del núcleo de La Cala del Moral, en Rincón de la Victoria (Málaga), que luchan por defender los árboles del pueblo frente a su tala por el Ayuntamiento, al valor ecológico unen la defensa de la identidad local.

Les mueven unos 80 árboles, entre ellos moreras cincuentenarias que han empezado a ser retiradas de la avenida principal y que constituyen para ellos un símbolo territorial -que forma parte de la denominación de la localidad, situada cerca de la capital malagueña- y a las que le otorgan un valor sentimental.

"La Cala no se tala" es el grito desesperado que lanzan a quien lo quiera oír y se han llegado a amarrar a los árboles para impedir que se corten, lo que ha obligado a la actuación de las fuerzas de seguridad para apartarlos y que prosigan los planes municipales entre escenas de tensión y voces que califican la retirada de estos ejemplares de "asesinato".

El Ayuntamiento reforma el acerado de la Avenida de Málaga, la principal; actuación que incluye talar 80 árboles entre moreras, ficus y brachichito.

"Son vecinos que han nacido aquí, han crecido con estos árboles” apunta unos de los manifestantes, Carlos Gallego, que ha destacado a Efe el vínculo entre las moreras y el nombre del pueblo (La Cala del Moral): “es una identidad”.

Unos pocos vecinos empezaron a alzar la voz contra la tala, pero el movimiento ha cogido forma, cuenta con el apoyo de asociaciones medioambientales y cada día desde 8 de la mañana hacen turnos para custodiar los árboles.

Unos 30 vecinos han vuelto este jueves a su lucha y tras la tala de un primer árbol, algunos manifestantes se han abrazado a otros ejemplares, tras lo que los operarios han acabado abandonando la zona, explica a Efe Luis Vázquez, uno de los participantes en la protesta.

Aseguran que la decisión de emprender el proyecto ha sido unilateral por parte del consistorio y que han solicitado un encuentro con responsables municipales sin respuesta.

El concejal de Medio Ambiente, Sergio Díaz, ha explicado a Efe que era necesaria la tala, ya que “dificulta a los vehículos grandes como camiones” y “molestan a los vecinos porque entran en sus casas” las ramas, lo que obliga a un mantenimiento de podas constantes que -a su juicio- “no se le está dejando crecer naturalmente”.

Alega que han ocasionado daños en el saneamiento, por lo que han optado por un tipo de árbol "que no dé problemas”, en concreto palmeras, especie que los vecinos consideran que no “produciría el mismo beneficio medioambiental" que las actuales.

Unos 30 ficus de la zona serán trasplantados a otro lugar donde "no causen problemas con su crecimiento”, indica el edil, que precisa que esta especie proporciona garantía de crecer de nuevo, frente al resto.

La obra estaba prevista hace tiempo debido, entre otros factores, a las “quejas de algunos vecinos”.

En cuanto a la petición de los ciudadanos de mantener una reunión, Díaz admite que recibió alguna solicitud, pero ve comentarios y dice que "suelen insultar"; por lo que no cree conveniente atenderlos, aunque expresa que sus puertas "están abiertas al ciudadano" para explicarles lo que sea "dentro de los límites de la coherencia, educación y entendimiento”.

Los vecinos defienden que ante la cementera situada a 400 metros los árboles actuales hacen "el efecto sumidero”, al tiempo que aluden a los nidos de aves que albergan. EFE

aaa-srp/vg

(foto)