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A Paloma González Aguilar, teleoperadora sevillana de 35 años, le diagnosticaron coronavirus nada más dar a luz a su segundo hijo, lo que la llevó a la UCI ocho días y a estar alejada de su bebé, al que cuidan su marido, de 36 años, y la hija de ambos, de 5, con los que desea reencontrase en cuanto salga del hospital.

Ni el marido de Paloma ni ninguno de los dos niños está contagiado de coronavirus, lo que Paloma ha achacado a la bajada de defensas que pudo padecer tras un embarazado dificultoso por el que se le tuvo que programar el parto por cesárea el pasado 6 de marzo, en la Clínica Quirón Sagrado Corazón de Sevilla, donde se está recuperando.

Paloma ha contado a Efe la odisea en la que ella y su familia se han visto envueltos desde aquel 6 de marzo y ha insistido en que, pese a que sus músculos apenas le asisten, hoy se ha sobrepuesto, se ha levantado de la cama y se ha duchado ella sola antes de estar media hora conectada por Face Time con EFE Televisión.

Sólo se emociona hasta el llanto cuando recuerda que estando en la UCI, padeciendo alucinaciones, intubada y con fiebre muy alta, no podía contestar los mensajes de 'guasap' de su marido, quien entre biberón y biberón, le preguntaba una y otra vez cómo estaba.

"Todavía tengo esa conversación pendiente con mi marido, sin los niños y tranquilamente, aún no he hablado con él con tranquilidad...", dice arrasada por la emoción.

Su primera hija, Ariadna, nació hace cinco años y medio también por cesárea, por lo que cuando tras un embarazo con episodios de náuseas, cefaleas, ansiedad y colestasis gestacional que finalmente aconsejó la cesárea programada, Paloma estuvo tranquila porque creyó contar con la experiencia del alumbramiento de su primera hija.

Al tercer día del parto empezó a tener fiebre, lo que la retuvo unos días en la clínica y a lo que no otorgó mayor importancia porque también le sucedió en su primera cesárea, de modo que se quedó ingresada hasta el día 14 que se marchó a casa.

La sorpresa surgió al día siguiente de llegar a casa, cuando la tos se hizo persistente y cada vez más fuerte y la fiebre volvió, pero esta vez hasta marcar cuarenta grados en el termómetro, de modo que dos días más tarde, sintiéndose cada vez peor, optó por regresar a la clínica donde después de tres días en planta la ingresaron en la UCI por el mal estado de sus pulmones.

Paloma consintió que se le aplicaran unos retrovirales en experimentación --"lo que fuera con tal de matar al bicho", ha confesado hoy con humor--.

"Pero entonces todo fueron malas noticias, hasta el séptimo u octavo día de estar en UCI; estuve con un pie dentro y el otro pie fuera; vomitaba por las dificultades para intubarme, perdí la noción del tiempo, tuve alucinaciones; han sido diez días perdidos de mi vida... Mi marido me escribía mensajes que yo no podía contestar... Y eso que yo no fumo, no bebo, ni siquiera tomo 'Coca-Cola', soy una persona sana... ha sido todo muy complicado para mi familia... Menos mal que aquí todo el equipo médico se ha portado genial".

Paloma ha asegurado que su marido se ha portado muy bien porque ya tenían la experiencia de los biberones de la primera, pero que tras tantos días en la UCI sin noticias alentadoras se vino abajo y llamó a su madre para que le ayudara con el bebé, mientras que ella se negaba a que su propia madre la acompañara en la clínica por tratarse de una fumadora de toda la vida.

"Aunque mi marido siempre tuvo esperanza, es que ha sido tan complicado... Pero ahora es que le ha cambiado hasta la voz", dice Paloma sonriendo y expresando su mayor deseo, volver a casa con los tres.

Alfredo Valenzuela