EFEGranada

Los vecinos del distrito Norte de Granada conviven desde hace una década con constantes cortes de suministro, apagones que se agudizan con el calor y con las bajas temperaturas sin que parezca haber luz al final de un túnel que ha dejado ya como factura una barriada de 25.000 vecinos sumidos en el desencanto.

Mientras la sociedad pone el foco en el coste de la electricidad, las horas valle y el encarecimiento de las facturas, el distrito Norte de Granada sigue en vela buscando la solución a su particular pandemia, esa que desde hace más de diez años dibuja una barriada a media luz.

Ni el Parlamento europeo, ni los tribunales, ni esa mesa en la que se sientan todas las administraciones han servido para encontrar solución a un problema que, a todos luces, marca el día a día de los 25.000 vecinos del distrito Norte de Granada.

"Lo más triste de todos esto es que se está instaurando en el barrio el desencanto y la desesperanza". Así lo resume el Defensor de la Ciudadanía de Granada, Manuel Martín, un activo en esta lucha por garantizar la electricidad que en 2019 se encerró junto al párroco del barrio, Manuel Picazo, para alumbrar las exigencias de los vecinos.

En el distrito Norte de Granada, el que lidera las listas de desempleo de esta capital andaluza, viven unos 25.000 vecinos que saben lo que es quedarse helados por un apagón con temperaturas bajo cero, aplazar una ducha de agua caliente porque no hay luz para el termo o cerrar el negocio porque sin electricidad no funciona la cafetera.

"Se han dado pasos, ahora los centros de salud y los colegios del barrio tienen sus generadores propios para evitar apagones, pero todo es demasiado lento. Las leyes no están hechas para los pobres", ha explicado a Efe Martín, que incide en que la falta de luz afecta a siete derechos fundamentales recogidos en la Constitución que ahora cumple años.

Endesa, la empresa encargada del suministro, tiene un plan especial de inversiones en el distrito que no ha servido de momento para solventar un problema que achacan a los enganches ilegales a la luz destinados a alimentar plantaciones de marihuana que multiplican el consumo, y contra los que también hay un plan policial especial.

"Pero ese dos por ciento de viviendas dedicadas a actividades ilegales no puede justificar el daño al resto. Es como si entras a un súper, haces la compra, la pagas, y cuando te la quieres llevar te dicen que no te la dan porque otro entró ayer a robar. No es justo", ejemplifica el Defensor de la Ciudadanía de Granada.

De esa sociedad en duermevela fruto de diez años de apagones y apagones sabe mucho Rosario García, presidenta de la Asociación de Vecinos de Cartuja y vecina de Norte desde hace 30 años.

García se mudó entonces a una placetuela de Norte con 70 vecinos. Todos pagan sus facturas, todos tienen contratos. Todos han aprendido a generar incidencias por cortes de suministro, a plantar cara a una falta de luz que condiciona lo que comen y que dejó a una de sus hijas preparando la Selectividad a la luz de una farola.

"Cartuja siempre ha sido un barrio de estudiantes pero nos están robando el futuro", resume García, que reconoce que en el barrio temen este puente y una Navidad en la que no hay colegio que caliente a los niños y que se les presenta con el recuerdo de una Nochevieja 2020 y una Nochebuena 2019 sin electricidad.

La factura de tanto corte de luz es un distrito que se ha cansado de fotos con políticos a los que reprochan la falta de soluciones y que critica que solicitar el bono social "incluya más trámites que pedir una hipoteca".

"Los cortes son repetitivos, a diario, aunque duren horas. Y sin que sepamos por qué, 300 familias se ven sin luz a mediodía y compran dos barras de pan más porque hoy toca comer bocadillos", cuenta García, que al año tiene un descuento de euro y medio en su factura real "por los apagones".

Como muchos otros vecinos, Rosario García se ha equipado con un hornillo y velas para pasar las próximas navidades, opciones que no iluminan a un barrio que sigue sin ver la luz al final del túnel.

María Ruiz