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El Benito Villamarín, un estadio moderno con capacidad para unos 60.000 espectadores tras su última gran reforma, se estrena como escenario de una final de Copa que dejará hitos históricos, pues el Barcelona buscará su quinto título seguido y el Valencia volver a conquistarla en el año de su centenario.

El actual coliseo bético, este sábado el epicentro de la pasión y las emociones consustanciales a una competición como la Copa del Rey en la despedida oficial de la temporada en la élite del fútbol español, nada tiene que ver con el primigenio de 1929, cuando fue edificado con motivo de la Exposición Iberoamericana de Sevilla.

Ubicado en el barrio de Heliópolis, al sur de la capital andaluza y muy cerca de la margen izquierda de la dársena del Guadalquivir, desde entonces ha sufrido importantes modificaciones que lo hacen ser un estadio nuevo y funcional, desde la reforma de 1982 para el Mundial de España hasta la más reciente, con la construcción del nuevo Gol Sur inaugurado en el verano de 2017.

Aunque el Real Betis aún tiene pendiente la sustitución de la tribunal principal por otra que se acople a las tres nuevas para culminar el proyecto, que en su día se ideó bajo la presidencia de Manuel Ruiz Lopera, el actual Benito Villamarín dispone de las comodidades de un recinto deportivo del máximo nivel en Europa.

A comienzos de los 80 fue significativa la remodelación que se hizo para albergar un par de partidos del Mundial de España'82, el Brasil-Escocia y el Brasil-Nueva Zelanda, pero la siguiente, inaugurada el 1 de enero de 2000, ya empezó a darle su aspecto actual con dos nuevas tribunas: las de Gol Norte y Fondo.

Desde entonces el estadio bético, que durante unas temporadas se denominó Manuel Ruiz de Lopera en honor al presidente que acometió la construcción de dichas tribunas, tuvo paralizado el proyecto.

Entonces quedaron pendientes las vetustas gradas de Gol Sur y Preferencia hasta que, con el cambio accionarial en el club verdiblanco y el impulso dado por el equipo de su presidente, Ángel Haro, y vicepresidente, José Miguel López Catalán, en el verano de 2017 se abrieron los nuevos graderíos de ese Gol y se modernizaron otras estructuras del Villamarín, ya recuperado su antiguo nombre.

El Gol Sur, diseñado por el afamado arquitecto sevillano Antonio González Cordón, fallecido el pasado verano, se puso en servicio el 13 de julio de 2017 y supuso pasar de 5.000 a 15.000 asientos en dicha zona y ampliar el aforo total del estadio hasta los 60.721 espectadores, aunque por medidas de seguridad y otros motivos en la práctica queda reducido a 59.378.

Esta nueva grada reemplazó al vetusto Gol Sur del estadio verdiblanco, que databa de 1972, sus obras comenzaron el 19 de septiembre de 2016 y fueron adjudicadas a la compañía sevillana Heliopol por 11,49 millones de euros, un 25 por ciento menos con respecto a los casi 15 millones de presupuesto inicial.

Con estas remodelaciones, y a falta de la sustitución de la Preferencia, el Benito Villamarín ofrece una imagen totalmente nueva y moderna en el barrio de Heliópolis, configurado con 'chalecitos' -como así se le denominaba- para personal de la Exposición Iberoamericana de 1929.

Dispone de veinticinco palcos VIP en Fondo y de otros veintiuno en Gol Norte, así como de una 'Zona Premium' de 395 plazas creada a partir de la nueva obra de Gol Sur y de dos zonas de aparcamiento: la de Gol Norte y Fondo, con 230 plazas que pueden alquilar los socios; y la nueva de Gol Sur, con cerca de un centenar.

El Betis ha contado esta campaña con 50.373 abonados y con el cuarto estadio español que ha registrado mayor afluencia de público, con una media de 44.525, además de haber albergado citas históricas como el España-Malta clasificatorio para la Eurocopa de Francia 1984, partidos de la Liga de Campeones, de la extinta Recopa y de la Copa de la UEFA/Liga Europa.

Esta gran apuesta por la mejora y modernización de su estadio llevó a los rectores del Betis a presentar su candidatura como sede de esta final de Copa, en competencia con el de Mestalla, la casa del que a la postre ha sido uno de los finalistas, y el pasado 28 de enero la Real Federación Española de Fútbol eligió al Villamarín con cuatro meses de antelación sobre la fecha del partido.

Esa circunstancia novedosa hizo albergar esperanzas de que el Betis, además de anfitrión, pudiera disputar la final, aunque la afición verdiblanca se llevó una decepción al ser su equipo apeado en semifinales precisamente por el conjunto che. Así, el sábado, la batalla por alcanzar la gloria la librarán Valencia y Barcelona.

Curri Carrillo