EFEJerez de la Frontera (Cádiz)

El flamenco cumple hoy diez años de su consideración como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la Unesco, un "hito" en la dignificación de un arte que ya era, desde muchísimo antes, universal, y que continúa esperando el apoyo que su "duende" necesita y merece.

"Queda mucho por hacer", dice a Efe Francisco Perujo, que, como director de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco en el 2009, fue uno de los principales artífices del expediente que hizo que la Unesco incluyera el 16 de noviembre del 2010 al arte jondo en su listado de manifestaciones culturales dignas de protección.

AL SEGUNDO INTENTO

Aquel fue el segundo intento. En el 2005 había habido otro que "se despeñó", entre otras circunstancias, porque en aquel momento se exigía que los elementos que entraran en ese "Olimpo" de expresiones a proteger, estuvieran en peligro de extinción.

"El flamenco no lo era ni lo es. Es un arte con fortaleza, más dúctil que fósil, efervescente, un arte de raíz, pero extendido por todo el mundo desde el siglo XIX", hasta el punto de que fue recogido en el protocine.

Cinco años después, el requisito ya no era un impedimento, y el flamenco volvió a intentarlo.

Perujo, junto con un equipo de cinco personas de Andalucía, Extremadura y Murcia, construyeron en apenas dos meses el expediente de la candidatura: denominado ICH-02.

Un informe de 50 páginas, acompañado de un vídeo en el que "reverberaban" los valores de la Unesco como un arte inclusivo; un audio con los cantes más importantes interpretados por los cantaores más destacados, una treintena de fotos y un mapa del origen y la extensión del flamenco y el tejido asociativo que ha creado a través de las peñas que se extienden por todo el mundo.

Más de cien mil personas firmaron por aquella candidatura, entre ellos todos los artistas del flamenco que pudieron.

"Todos tenían claro que era un oprobio que a la altura del 2010 el flamenco no estuviera reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad", afirma Perujo, que llevó a la embajada española de París el expediente que ésta debía entregar a la Unesco.

COMO UN PERFUME

"Casi parecía una caja de perfume, bromea ahora Perujo.

Esa caja fue la que examinó la comisión en la reunión en Nairobi, en la que se declaró por fin al flamenco Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, junto con otras 46 manifestaciones culturales, entre ellas el canto de la Sibila de Mallorca.

La enjundia del flamenco era mucho mayor que muchas de ellas, pero posiblemente emocionó mucho más.

"Hemos luchado mucho. Antes los flamencos éramos considerados pendencieros y borrachos, pero gracias a Dios esto ha cambiado", comentó aquel día Antonio Fernández Díaz, Fosforito, con lágrimas en los ojos en la sala en la que muchos flamencos se habían reunido para escuchar telemáticamente la noticia.

UN RECONOCIMIENTO QUE NO HA AYUDADO MUCHO

Muchos pensaron que entrar en esa lista acabaría con muchos de los problemas del flamenco. Diez años después, la pandemia del coronavirus ha revelado que este arte único es uno de los más vulnerables.

"Fue una noticia grandiosa. Lo que me duele es que cada vez se nos tenga menos consideración. Hay artistas que lo están pasando muy mal, pasando hambre. No soy político pero me hierve la sangre. El flamenco es una marca que se vende en el mundo entero y ¿donde están las ayudas?", se lamenta a Efe Paco Cepero, uno de los mejores guitarristas flamencos de la historia, con más de 60 años de trayectoria en los escenarios de todo el mundo, casi todos los premios y reconocimientos y, aún así, sin jubilación y pagando aún de su bolsillo el disco que prepara.

"Me gustaría que esto no se quedara en una efeméride. Luchamos mucho para que se considerara al flamenco Patrimonio de la Humanidad. No se puede quedar sólo en palabras", afirma.

LOS RETOS DEL FLAMENCO

Perujo destaca que las instituciones y administraciones implicadas "en la salvaguarda" del flamenco "tienen un campo por delante para cumplir" con la Unesco.

Él es el coordinador del Máster en Investigación y Análisis del Flamenco, el primer posgrado oficial universitario del mundo centrado en el flamenco, que arrancó en el 2018, tiene su sede principal en Jerez de la Frontera y actualmente cursan 81 alumnos (de los 400 personas que lo solicitaron)

"Es una raya en el agua. Espero que también un hito en el camino", explica Perujo, defensor de que el flamenco sea incluido en el sistema educativo de Andalucía, en los colegios e institutos.

"El flamenco necesita nuevos públicos y eso hace falta trabajarlo desde la base, lo que no se conoce, no se ama", subraya.

Falta público pero no artistas: "No ha habido un momento histórico con tantos artistas, tan bien formados y con tanto talento como ahora. No hay grandes estrellas que marquen una época, como la Niña de los Peines o Camarón de la Isla, pero hay una generación con una formación enorme".

Y es ahí donde hay otro campo que demanda atención: "Sin artistas no hay flamenco".

Perujo cree que las administraciones deberían tener "las luces largas" y plantearse la necesidad de ofrecer "una discriminación positiva", apoyando circuitos escénicos que hagan accesible este arte al público y permitan "que los flamencos coman".

"No se puede decir que el flamenco es un arte subvencionado. Ahora mismo hay cinco orquesta públicas en Andalucía. ¿Por qué no hacemos lo mismo con el flamenco? Una persona no se puede morir sin escuchar a Mozart, y tampoco sin escuchar a Manolo Caracol o Antonio Mairena, por ejemplo", cuestiona.

UNA MARCA DE PAÍS

Aunque "se ha hecho y se está haciendo mucho", Perujo echa en falta también "una gran estrategia internacional" para aprovechar "un elemento sustancial de la marca de país". El 60 por ciento de los recuerdos que los turistas compran están relacionados con el flamenco, indica.

"El flamenco es un arte que puede zarandear las emociones de cualquier persona en cualquier lugar del mundo. Es universal por su capacidad de impacto emocional y de trasladar todos los sentimientos humanos. ¿Lo estamos aprovechando? Yo creo que no", añade.

LAS PEÑAS BUSCAN RELEVO GENERACIONAL

Sin esa estrategia internacional, "por su propia fuerza", el flamenco llena festivales en Nueva York o Roma y se extiende por todo el globo a través de una red de peñas

Un entramado en el que el flamenco se convierte, más que en un espectáculo, en "una experiencia de convivencia" cuyo papel fue expresamente destacado por la Unesco, según recuerda a Efe Nicolás Sosa, presidente de la federación que agrupa a las 44 peñas que hay sólo en la provincia de Cádiz.

"Para nosotros fue un orgullo, una motivación que se declarara Patrimonio de la Humanidad. Pero realmente no se le ha sacado mucho partido. Los profesionales siguen en una situación precaria y ahora mismo, sin actuaciones, muchísimo más. Muchos están en una situación crítica", dice.

"También es fundamental para garantizar la pervivencia del flamenco despertar la inquietud de los niños y jóvenes. La afición no ha ido a menos, pero tenemos un problema con el cambio generacional en las peñas, necesitamos atraer a los jóvenes", añade.

Una década después de ser declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, el flamenco y los flamencos siguen luchando.

Isabel Laguna