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El cultivo del crisantemo, una de las flores más comunes en los cementerios el Día de Todos los Santos, podría ser una de las pocas opciones este año para el sector de la flor cortada después de haber perdido la campaña de la primavera, que representa casi el 70 % de los ingresos en Andalucía.

A contrarreloj, los floricultores dudan estos días si adquirir o no esquejes porque tendrían que hacer los pedidos antes de finales de mayo para sembrarlos en la primera semana de agosto y recoger las flores en la última semana de octubre.

Muchos los están cancelando porque están "endeudados hasta las cejas", ha asegurado a Efe Luis Manuel Rivera, responsable de Flor Cortada de la organización agraria COAG Andalucía, que ha explicado que los crisantemos ya florecidos -los que se pueden cultivar durante todo el año en invernaderos- los han tenido que tirar porque no pueden venderlos.

El cultivo del crisantemo en invernadero requiere unas condiciones técnicas muy exigentes, tanto en la nutrición como en lo relativo a la temperatura y la luz, hasta el punto de que hay que "engañarle" con mallas negras como si fuera de noche o con lámparas de luz artificial en los días cortos para que florezcan, lo que supone una gran inversión tecnológica.

La "flor de oro", también conocida como flor de otoño, se asocia en algunos países a la muerte, pero también al descanso. Siempre dan vida a los lugares más sombríos y es probable que este año abunden las ofrendas florales con crisantemos en las visitas al cementerio.

Una de las variedades de las treinta especies que hay de crisantemo es la llamada margarita de invierno (el crisantemo blanco), la más utilizada para los ramos que se confeccionan el Día de Todos los Santos.

Esta festividad es una de las fechas señaladas para los productores de flor cortada de Andalucía, además de las fiestas de primavera, la Semana Santa, el Día de la Madre o San Valentín, pero todas éstas han coincidido con la crisis del coronavirus, lo que ha supuesto graves pérdidas para el sector, como también la suspensión o el aplazamiento de bodas y, probablemente, de Comuniones.

Tampoco pueden esperar demasiado del Día de Todos los Santos por el aumento de las incineraciones desde hace años y porque la costumbre de visitar los cementerios está menos arraigada entre las nuevas generaciones.

Muchos agricultores de la costa noroeste de Cádiz, principal zona productora de flor cortada de Andalucía, han optado por arrancar las flores para cultivar hortalizas, otros siguen sembrándolas porque ya tenían los esquejes y hay quien sigue dudando ante la incertidumbre actual, explica Rivera.

"Todo se ha ido al traste, nos hemos quedado frenados en seco", recalca tras detallar que este sector cultiva una superficie de 350 hectáreas entre Chipiona, Sanlúcar de Barrameda y Rota, en Cádiz, y otras 150 hectáreas entre Lebrija, El Cuervo y Los Palacios, en Sevilla, a lo que hay que sumar el cultivo de flores ornamentales en macetas en la provincia de Almería.

Están en juego unos 6.000 empleos -un 70 por ciento de los trabajadores son mujeres- porque se han cancelado los pedidos, no sólo en España, sino también los de países como Reino Unido, Italia, Grecia, sur de Francia y norte de Europa, asegura.

Por eso, los floricultores andaluces piden una rebaja fiscal "hasta el cero por ciento de manera excepcional y urgente".

Rivera considera insuficientes las medidas adoptadas por el Gobierno teniendo en cuenta la estacionalidad de la agricultura y los perjuicios que la pandemia está causando a este sector.

"Los productores de flor cortada y planta ornamental no podemos hacer frente ahora a la declaración de la renta en base a las ganancias del año pasado porque el desastre de esta campaña ha sido tal, que no sólo no hemos ingresado un euro, sino que además estamos endeudados hasta las cejas", insiste Rivera.

Porque, según asegura, el de la flor cortada es un sector que tributa "muchísimo" y tener que pagar ahora el IRPF sería "inviable".

Blanca Fernández-Viagas