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El Sevilla cerró el curso 2018-19 con la "desilusión" reconocida por su entrenador, Joaquín Caparrós, por no clasificarse para la Liga de Campeones, pero como un club consolidado en los torneos continentales, en los que volverá a participar por decimoquinta vez en las últimas dieciséis campañas.

El conjunto sevillista ya había asegurado su nueva participación en la Liga Europa hace un par de semanas pero este sábado, en la última jornada de LaLiga Santander, logró mantener la sexta posición en la tabla con su victoria ante el Athletic (2-0) y evitar la disputa este verano de tres incómodas eliminatorias previas a la fase de grupos.

Llegó el Sevilla a esta última jornada con opciones matemáticas, aunque remotas, de ser cuatro en la clasificación y volver a la 'Champions', torneo en el que la pasada temporada fue cuartofinalista, pero la carambola no se dio y por ello en el club se reconoce la desilusión al ser el objetivo prioritario marcado para este curso.

De todas formas, el consuelo es que, también en palabras de Caparrós, el equipo vuelve a estar en Europa y que el sabor agridulce de la temporada corresponde a la exigencia instalada en el club, signo de su continuo crecimiento.

El 23 de mayo de 2004, después de casi una década de ausencia de torneos internacionales, el equipo entrenado, igual que ahora, por Caparrós se clasificó para la Copa de la UEFA al ganar por la mínima en la última jornada a Osasuna y abrió así el periodo más prolífico en trofeos de la historia del club.

Los sevillistas, de la mano de Juande Ramos, ganaron sus tres primeros títulos europeos entre 2006 y 2007, con la consecución de dos Copas de la UEFA y una Supercopa de Europa, y nunca dejaron de clasificarse para las competiciones europeas hasta la temporada 2011-12, cuando los entrenadores Marcelino García Toral y José Miguel González 'Míchel' lo dejaron en la novena plaza.

En LaLiga siguiente repitió posición, pero las exclusiones de los torneos internacionales de Rayo Vallecano y Málaga por incumplir la norma del 'fair play' financiero le permitió, de la mano de Unai Emery, disputar la fase previa de una Liga Europa que terminó ganando por penaltis al Benfica portugués en la final de Turín (Italia).

Los sevillistas revalidaron su título en las dos campañas siguientes y llegaron a disputar tres ediciones consecutivas de la Liga de Campeones, en la que la temporada pasada igualaron su techo histórico de los cuartos de final, tras eliminar al Manchester United con un histórico triunfo en Old Trafford.

A pesar de ese hito y de haber alcanzado la final de la Copa del Rey, la Liga pasada no fue brillante y tuvo que recurrir al regreso a su banquillo de Caparrós en las cuatro últimas jornadas para amarrar una séptima plaza que le permitió disputar la Liga Europa de esta temporada, no sin antes superar tres eliminatorias previas.

El técnico utrerano continuó en el club esta campaña pero como director de Fútbol, aunque en el tramo final volvió al banquillo para sustituir a Pablo Machín, con el que se sufrieron decepciones en la Copa del Rey y en la Liga Europa y con el que no se conseguía la regularidad esperada en LaLiga.

El conjunto hispalense, que aún tiene pendiente el próximo jueves un partido amistoso en Tanzania, ha cerrado una agotadora la temporada, que empezó en julio en las previas de la Liga Europa, con 61 partidos oficiales, en los que sumó 32 victorias, 10 empates y 19 derrotas entre todas la competiciones.

Una de las notas agradables del ejercicio que acaba es el rendimiento de jugadores como Pablo Sarabia, que pese a no ser un punta específico ha marcado 22 goles entre todos los torneos, y el delantero francotunecino Wissam Ben Yedder, que sumó treinta, de ellos 18 en LaLiga, el último este sábado ante el Athletic.