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"Me puse a pensar que toda o casi toda nuestra vida está rodeada de cuatro paredes". Con estas palabras comienza un microrrelato escrito por una interna de la cárcel de Soto de Real en Madrid, donde reflexiona sobre su estancia en prisión y su deseo de volver a salir y reunirse con su familia.

Ella es una de las decenas de internas e internos que han participado en el concurso de microrrelatos organizados por Solidarios para el Desarrollo, un grano de arena para combatir el doble confinamiento que han sufrido los presos con motivo de la covid-19.

El concurso es una derivada de las aulas de cultura que esa ONG imparte desde hace 30 años en las cárceles y que este año fueron canceladas por la pandemia.

Dentro de los centros penitenciarios, los reclusos pasan cerca de 17 horas encerrados en sus celdas. En estos largos periodos, la escritura y la lectura se convierten en una de las pocas maneras en las que pueden invertir el tiempo y evadirse por un momento de la rutina carcelaria.

En muchas ocasiones, hay presos que llegan a la prisión sin saber leer o escribir y es en el centro penitenciario donde tienen el tiempo y los medios necesarios para aprender estas habilidades y entrar en contacto por primera vez con el mundo de las letras y el arte.

Este es el caso de Marcos Morales, que lleva encerrado cinco años en el centro penitenciario de Sevilla I y que encontró en la escritura un medio para desahogarse, aunque antes de entrar en prisión nunca había tenido tiempo para escribir. “Llevo desde los 14 años metido en la cocina y como mucho escribía recetas", explica por teléfono a EFE el interno.

Este cocinero sevillano admite que la escritura es la forma que ha descubierto para expresar sus emociones y sentirse, en cierta medida, libre. “Cuando hablas a lo mejor no sientes que te escuchan, pero cuando escribes algo para que alguien lo lea, pones en ello los cinco sentidos”, añade.

Los sentimientos de impotencia, alegría, rabia o decepción se acumulan en las cartas que Marcos envía a sus familiares y a sus amigos. "Solo mis padres tienen guardadas en casa cerca de 300 cartas", explica, y señala que se está dejando un "dineral" en sellos.

Sin embargo, la presencia que marca las palabras que anota a mano Marcos en decenas de folios y cuadernos es su hija de cinco años, casi los mismos que lleva él en prisión. "Le escribo cuentos para que algún día vea que estando en la situación que estoy no me olvide de ella", explica.

EL CUMPLEAÑOS

Hace unos meses, en plena pandemia, Marcos cumplió 37 años. En este día tan señalado el interno pudo hablar por teléfono con su familia y, en especial, con su hija. Durante la conversación, entre felicitaciones y palabras de cariño, la niña pequeña le pregunto a su padre por qué nunca podía estar en un cumpleaños junto a él.

A partir de esta pregunta, tan difícil de responder, Marcos cuenta, con la voz quebrada, que decidió escribir un microrrelato para intentar contestar a su hija lo que no supo expresar hablando.

En la pequeña historia, titulada “Un sueño hecho realidad”, Marcos expresa el amor que siente por su hija y el deseo que tiene de volver con su familia para poder celebrar por fin un cumpleaños juntos, aunque dice que lo que siente hacia ella van mucho más allá del texto.

Con esta historia sobre su relación con su hija, el interno se presentó al concurso de microrrelatos que había organizado la entidad Solidarios por el Desarrollo dentro de los centros penitenciarios, con el que se busca mitigar el doble confinamiento que han vivido los internos y dar visibilidad a las obras de un sector de la población tan estigmatizado.

Finalmente, Marcos consiguió hacerse con uno de los primeros premios entre las más de 70 obras que se han presentado y que reflejan la soledad, los anhelos y los remordimientos de los presos.

AULAS DE CULTURA

Este concurso de microrrelatos es una ampliación de las Aulas de Cultura que Solidarios creó hace 30 años y que se impartían en seis centros penitenciarios situados en Murcia, Madrid, Granada y Sevilla hasta que tuvieron que ser canceladas por el coronavirus.

Cada sábado los presos que se apuntaban a estas aulas salían de sus celdas y, durante cerca de 2 horas, establecían un dialogo con un personaje relevante en el ámbito cultura que acudía a la prisión para explicarles su obra y debatir con ellos sobre todo aquello que quisieran comentar.

En esta actividad, que esperan volver a realizar a partir de septiembre, han colaborado artistas como Mario Vargas Llosa, Elvira Lindo y Antonio López entre muchos otros.

Solidarios defiende que la cultura permite la resocialización y la reinserción de los presos a través del encuentro con otras realidades y al poner a su disposición materiales a los que nunca habían tenido acceso.

El fomento de lectura, los coloquios o la visita de artistas generan espacios de aprendizaje y de educación entre los presos que les ayudan a mejorar su relación con el entorno tanto dentro como fuera del centro.

"Tenemos que transformar las cárceles es un espacio donde los internos salgan mejor de cómo han entrado", explica el responsable de los programas de entorno penitenciario de Solidarios, Álvaro Crespo, quien resalta la necesidad de ofrecer alternativas para eliminar el estigma con el que viven los presos una vez salen de la cárcel.

"Hemos visto a gente que viene de entornos de exclusión muy fuertes participar y acceder a cosas que jamás habían podido, como una narración poética o una obra de teatro", señala Álvaro. “La cultura elimina las barreras, cuando nos acercamos al arte, todos somos iguales”, añade.

Entre estas actividades, el responsable de Solidarios remarca las excursiones que realizan con personas en tercer grado donde van a museos como el Thyssen a enfrentarse con cuadros expresionistas.

"Probablemente nunca habían ido a un museo y nunca le habían explicado las obras, ahora se les abre un mundo de posibilidades", explica Álvaro.

Marcos señala que el Aula de Cultura y los concursos y charlas que la oendegé hacen para que todos los presos puedan acudir, les enseña que el tiempo se puede aprovechar de forma diferente. "No como hacíamos antes”, incide el interno, quien señala que la cárcel le ha salvado de las drogas, aunque cree que ya está preparado para volver con su familia.

LOS VISITANTES

Otra de las ventajas que tienen las Aulas de Cultura es que permiten que los internos hablen con personas que vienen del exterior, lo que ayuda a que muchos que no tienen visitas puedan interaccionar con otra gente.

“Muchos internos las únicas personas que ven de fuera somos nosotros”, explica Carmen Arnanz, voluntaria en Soto del Real desde hace 9 años y parte de la junta directiva de Solidarios.

Esta voluntaria señala que al acompañar y charlar con los presos durante el Aula de Cultura se crean espacios de afecto y cuidados entre los internos y los voluntarios donde ambos se enriquecen.

“Para mí es un acercamiento personal a la realidad, nos pensamos que en nuestra vida la tenemos todo controlado a nivel familiar, laboral y social y en un momento determinado la vida se te puede poner patas arriba y acabar en prisión”, comenta la voluntaria, quien ha seguido en contacto con los internos por correo postal durante la pandemia.

Sin embargo, Carmen no olvida cómo fue su primera vez en prisión, cuando llegó marcada por los prejuicios heredados de las películas y los medios de comunicación, que, ahora, remarca “no se ajustaban a la realidad”.

"La primera vez que vas a un centro penitenciario te impresiona mucho todo, pero sales con ganas de repetir por la naturalidad y la cercanía de los internos ", incide Carmen.

Por su parte, el productor de cine Gervasio Iglesias cuenta a Efe que presentar la película de comedia "El mundo es suyo" en una actividad organizada por Solidarios en el centro penitenciario de Sevilla fue uno de los "momentos más mágicos” que ha vivido.

"Cuando fui a la prisión vi que la mayoría de los reclusos eran gente muy joven que no habían tenido ninguna oportunidad en la vida ", detalla el productor que ha sido uno de los jueces del concurso de microrrelatos.

"Tienes la sensación de que todo lo que ocurre es muy de verdad", señala Gervasio. Ese mismo adjetivo lo utiliza para calificar los relatos que ha tenido que juzgar, en los que recuerda que todos hablan de la dura situación que viven, aunque siempre desde la esperanza.

"La gran mayoría ellos saben lo que han perdido por actuar mal y que no quieren volver a prisión", concluye el productor.

Alberto Borreguero