EFEGranada

Granada celebra el Día de la Cruz en ese escenario ambiguo de la nueva normalidad y mezcla la contención que mantiene cruces y decoraciones confinadas en balcones, casas y escaparates, con la esperanza de reconquistar las calles, patente en cierto bullicio al ritmo de sevillanas de terrazas y locales.

No es un año cualquiera, uno de esos en los que las plazas de Granada se transformaban en el escenario de bailes y folclore y en cada esquina sorprendía una fiesta; pero tampoco es el Día de la Cruz de 2020, aquel de la "libertad condicional" que dejó los peroles y los mantones confinados en cada casa.

Granada firma este lunes un nuevo Día de la Cruz con el cielo encapotado, alguna tormentilla pasajera y las ganas acumuladas de meses de restricciones y un año casi en blanco que pintó más bien gris.

Una cruz tradicional, roja y de flores, preside el balcón central del ayuntamiento de Granada, en la céntrica Plaza del Carmen, y recuerda desde este fin de semana que la capital alhambreña mantiene pese a todo sus tradiciones.

Los peroles y la taracea, las tapitas y La Reja, buscan este año su protagonismo desde comercios, balcones y bares, algunos empeñados en reconquistar la fiesta con sevillanas, farolillos y un buen ambiente en el que no han faltado las medidas de seguridad.

Como la fiesta va por barrios, el Ayuntamiento ha acercado este año la tradición a cada uno de sus distritos con una cruz rodante que ha plantado sobre una carroza decorada con mantones de colores y dos leones al más puro estilo nazarí.

"Es un día especial para toda la ciudad, una fiesta pregonada ayer que preludiaba un día de celebración con seguridad pero con mucha alegría", ha explicado el alcalde de Granada, Luis Salvador, antes de la primera de las dos "excursiones" de la cruz municipal portátil previstas para este lunes.

Salvador ha animado a visitar negocios, bares y locales para disfrutar de la hostelería "con plena seguridad" y ha apuntado que la Cruz que permanece en Plaza del Carmen, acompasada por sevillanas y otras canciones folclóricas, es un homenaje a todos los granadinos que han colocado las suyas en balcones, patios o escaparates.

"La gente tiene la necesidad vital de poder vivir, de disfrutar la ciudad y nuestras tradiciones", ha resumido Salvador, que ha recalcado la importancia de recuperar la normalidad con seguridad.

La salida de los centros escolares ha puesto un tono más de color a esta tradición decorada con cacharros de cerámica, peroles y mantones y ha llenado plazas y parques de chiquillería con vestidos tradicionales.

Pese a la lluvia de las tres de la tarde, esa que ha caído con toda la malafollá granadina, las terrazas y plazas del centro han combinado los paraguas con esos claveles rojos que han decorado el perfil de granadinas dispuestas a mantener las tradiciones más allá de modas o anticiclones.

Aunque la instalación de cruces ha lucido menos que en esos años de la vieja normalidad, las ganas han podido más que cualquier pero, esa manzana con una tijera clavada que avisa de que en esta tradición no se admiten críticas.

El Ayuntamiento de Granada apostó en 2019 por recuperar el Día de la Cruz con el sabor que tenía a principios del siglo XX en el Albaicín y el Realejo, barrios donde los jóvenes construían pequeños altares en torno a una cruz, para eliminar los "peros" de otros años marcados por macrobotellones y fiestas.

Con mascarilla y clavel rojo y hasta bailando La Reja con distancia de seguridad, Granada ha apostado por su Día de la Cruz desde la esperanza, que bastantes "peros" ha dejado la pandemia.

María Ruiz