EFEAlmería

Opositar es una carrera de años, especialmente cuando se intenta acceder a sectores tan complejos como la judicatura, pero dos jóvenes almerienses, Andrea Martín Pérez y Adriana López Álvarez, han logrado acceder a esta profesión con apenas 25 años y con una nota perfecta, 50 de 50, en el último examen en el caso de la primera.

Andrea tiene la quinta mejor nota de España y la primera de su tribunal y, junto a Adriana, se ha hecho con una de las plazas de la Escuela Judicial para su posterior ingreso en la carrera judicial con la categoría de juez, algo que le ha conllevado tres años y tres meses de estudio “en cuerpo y alma”, tal y como relata en una entrevista con Efe.

La almeriense trabajaba pero tuvo que reducir las horas que dedicaba porque “la oposición es muy avariciosa y cada vez más cuando vas avanzando y te metes en convocatoria. Ya los últimos meses nada. Porque el ritmo de estudio cuando apruebas el primer examen ya es otro”, dice.

Aunque parezca paradójico, hasta dos meses antes de acabar Derecho no tenía claro cuál iba a ser su futuro. Hizo sus prácticas en un despacho de abogacía y decidió entonces que prefería la rama pública de la justicia: “Me gustó judicatura porque tenía todas las ramas del derecho. Se estudia todo. Y cuando empecé a estudiar fue algo que me apasionó”, asevera.

Andrea aspira a desarrollar su carrera en la jurisdicción Laboral, aunque sabe que eso tardará en llegar. Al ser interpelada por ese rotundo “50 de 50” que obtuvo en su último examen explica que le tocaron temas “muy difíciles”.

“Parecía que estaba examinándome para Hacienda. Me tocaron embargos, fianzas, pero lo supe defender mucho, con mucha seguridad, mucha confianza y mucho trabajo”, subraya.

La joven es además pianista y ha sido profesora de otros músicos, por lo que cree que su experiencia en el “escenario, hablar en público, es algo que incluso hace que me crezca, es una sensación indescriptible”.

Considera que la incorporación de gente de su edad a la judicatura será algo positivo: “Hay un artículo que dice que la ley se adapta a la realidad social, creo que una visión juvenil de la ley viene muy bien”, apunta, a la vez que tiene claro que, si es posible, en algún momento lo compaginará con la docencia, ya sea en la Universidad o como preparadora de oposiciones.

La preparación de Adriana ha ido en paralelo a la de Andrea. Estudiaron en la facultad juntas, en la misma clase, han tenido el mismo preparador y han dedicado el mismo tiempo; ella sí tenía claro que quería ser juez, ya hizo sus prácticas en un juzgado y ahí, tras conocer la realidad de todos los operadores jurídicos, terminó de decidirse.

“A mí me gustan mucho las jurisdicciones Civil o Penal, aunque Familia también me atrae”, revela.

“Me pasaba un poco como a Andrea, trabajaba también”, en su caso como azafata de eventos, pero tras la pandemia decidió no reincorporarse porque el ritmo de la oposición "lo impedía totalmente”.

Adriana, decimosexta por notas en el país, ha conseguido puntuaciones por encima del 40 sobre 50 en sus exámenes y sostiene que la prueba que más inseguridad le producía fue la primera, que era tipo test: "Lo trabajé muchísimo con una aplicación que es específica para eso. Pero en los tribunales me crecía. Estudié en La Salle y nos dieron cursos de oratoria. He dado discursos en la Xunta de Galicia, en el Senado, delante de la Reina. Y eso a mí ya no me impone, me gusta, me crezco”, afirma.

“A mí también me ha llamado mucho la docencia a nivel de Universidad”, confiesa, y añade que, sea como sea, el que se incorpore gente tan joven como ellas significa llevar a la justicia “ganas de hacer cosas, de intentar cambiar dentro de lo que se pueda, de echar una mano, aportar una visión nueva.”

“Veo como muy positivo que gente joven pueda acceder. A veces me hace gracia el que se incorporen etiquetas asegurando que los jueces son hijos de... No, venimos de familias humildes y podemos aportar también esa visión y cambiar las etiquetas que se ponen a los jueces”, concluye.