EFESevilla

La empatía en fútbol suele ser directamente proporcional a los resultados y su falta en el caso del ya exentrenador del Betis Quique Setién ha sido producto de los pobres resultados del equipo verdiblanco en la segunda vuelta y de la frustración de las expectativas, posiblemente excesivas, de parte de la afición bética.

La historia del fútbol está plagada de entrenadores profundamente antipáticos, hasta desabridos y desagradables, que no sabían nada de empatías porque estaban en los resultados y los conseguían; y, en contraste, también de 'juglares' que, a base de almíbar táctico y retórico, alimentaban más pronto que tarde la desafección de los suyos.

No ha sido ni uno ni otro el caso de Quique Setién, quien hasta que en esta temporada las cosas empezaron a torcerse, siempre tuvo el calor de la grada del Villamarín desde que llegó la temporada pasada y logró en su primer año, con un equipo de autor y un claro e irrenunciable esquema de juego, clasificarse para la Liga Europa al quedar sexto.

Fríamente le avalan sus números -39 victorias, 22 empates y 33 derrotas en dos ejercicios- y sus logros objetivos, sexto en el primer año y décimo en el segundo, y semifinalista de la Copa del Rey ante un Valencia muy superior en presupuesto, aunque en Liga Europa la cosa empezó a torcerse después de ser primero de grupo al caer de manera dolorosa en dieciseisavos ante el Rennes francés.

Además de su idea irrenunciable -"el Plan B es mejorar el A"-, el entrenador santanderino ha sido artífice de hitos de prestigio y autoestima como la 'manita' en el campo del eterno rival por 3-5 y las sonadas victorias en el Camp Nou ante el Barcelona (3-4), las dos ante el Real Madrid en el Bernabéu y la lograda ante el Milán en San Siro en la fase de grupos de la Liga Europa.

En su haber cuenta además el haber subido y consolidado a futbolistas de primer nivel como los canteranos Fabián Ruiz, por quien el Nápoles pagó treinta millones de euros, o el lateral zurdo dominicano Junior Firpo, además de haber sacado el mejor rendimiento de su paisano Sergio Canales, quien llegó libre esta temporada tras jugar en la Real Sociedad.

Sin embargo, el idilio de Quique Setién con la afición bética comenzó a resquebrajarse esta temporada tras la eliminación europea en casa (1-3) con un favorable 3-3 en tierras francesas, la copera frente al Valencia tras desperdiciar un 2-0 en el Villamarín y las sucesivas derrotas ligueras con hitos como el 4-0 ante el Levante.

La eliminación copera fue, además, doblemente decepcionante al quedarse la afición bética con la miel en los labios de jugar una final de la Copa del Rey en su estadio el 25 de mayo cuando todo se le había puesto de cara con su ventaja de dos goles ante los de Marcelino García Toral.

Ahí empezó a caerse el equipo, ya que tres días más tarde, el 3 de marzo y con los puestos de LIga de Campeones a tiro, los de Setién desperdiciaron en casa la oportunidad de cazar al Getafe al perder por 1-2 frente a los de José Bordalás.

Pese a que el Betis ha 'maquillado' su pobre segunda vuelta con sus últimas victorias ante el Huesca (2-1) y la de prestigio ante el Real Madrid, el pésimo mes de abril terminó de condenar al santanderino al lograr sólo un punto de quince posibles con un empate casero ante el Espanyol (1-1) y las derrotas ante el Sevilla (3-2), Valencia (1-2), Levante (4-0) y Éibar (1-0).

A ello se unió la escasa diplomacia del cántabro en sus comparecencias ante la prensa, que ha sido una de las causas de la desafección de una parte de la afición del Villamarín, muy ajena al estoicismo definitorio del beticismo y con un nivel de exigencia muy superior a lo que marca el presupuesto y las potencialidades reales del Betis.

Fue el mismo Setién el que en la sala de prensa del Santiago Bernabéu, poco antes de que el Betis hiciera público su adiós, el que lamentó no haber "empatizado un poco más" con la ciudad y la afición bética, y que este "desencuentro" había "superado las cuestiones futbolísticas": "ese punto de irracionalidad en la pasión de un seguidor del Betis entra en contra de un tío del norte que busca siempre argumentos", concluyó

Carlos del Barco