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Rafael de Paula cumple este miércoles sesenta años desde que tomó la alternativa en Ronda (Málaga) de la mano de Julio Aparicio con Antonio Ordóñez de testigo y empezó una carrera como matador de toros marcada por la genialidad y la irregularidad que le convirtieron en un torero irrepetible.

Ese 9 de septiembre de 1960 en La Maestranza rondeña, Paula se convirtió en matador de toros con un toro de Atanasio Fernández, cortó una oreja de cada una de las reses de su lote, y empezó la larga y discontinua historia taurina del genial y polémico diestro jerezano, un torero de culto al que el escritor José Bergamín le dedicó 'La música callada del toreo'.

Rafael Soto Moreno, que es su nombre real, nació en el barrio de Santiago de Jerez de la Frontera el 11 de febrero de 1940. Los primeros balbuceos taurinos llegarían en Fuente Rey, la finca de Fermín Bohórquez, antes de que el antiguo matador malagueño Bernardo Ruiz ‘Carnicerito’, que acabaría convirtiéndose en su suegro, guiara sus primeros pasos en la profesión.

Y fue en Ronda, precisamente, donde se vestiría por primera vez de luces el 9 de mayo de 1957. El debut con picadores se verificó un año después, el 2 de mayo del 58 en la plaza de su tierra y en unión de Antonio González y Mondeño. Su discreto debut en la plaza de Las Ventas llegaría el 15 de marzo de 1959 junto a Curro Puya y Juan Vázquez para despachar una novillada de Antonio Pérez.

Con ese bagaje, que había incluido su paso por la plaza de la Maestranza de Sevilla, se preparó su alternativa rondeña. Pero esos primeros años de matador no fueron pródigos en contratos y en las sucesivas temporadas de la década de los 60, a pesar de algún éxito aislado, queda orillado de las grandes ferias y los carteles de mayor relumbrón.

Tuvo que esperar hasta el 28 de mayo de 1974 para confirmar su alternativa en Madrid. José Luis Galloso le cedió un toro de Osborne en presencia de Julio Robles pero el verdadero punto de inflexión de su carrera sería su actuación en octubre de aquel año en la vieja plaza de Carabanchel en unión de Antonio Bienvenida y Curro Romero que refuerza su condición de gran artista y le abre la puerta de las ferias.

Paula va reforzando su aura de torero de culto y excelente intérprete del toreo de capote que no logra empañar sus continuas irregularidades personales y profesionales. Su vida taurina se acabaría trufando con su propia existencia personal. En 1985, después de torear en El Puerto de Santa María, fue detenido.

Cumplió condena por un delito de allanamiento de morada y una falta de lesiones leves por la agresión que sufrió el "presunto amante de su esposa", según la sentencia. Reforzó su propia leyenda y volvió a torear, encontrando de nuevo la comunión de los públicos a raíz de la antológica faena que firmó en la plaza de Las Ventas el 28 de septiembre de 1987 a un toro de Martínez Benavides.

Aquel éxito le animó a encerrarse en solitario el inmediato 12 de octubre en Sevilla, cortando dos orejas a un ejemplar de Fermín Bohórquez.

Sus actuaciones se irían espaciando en la siguiente década hasta desaparecer de los carteles, haciéndose evidentes sus graves problemas de movilidad a causa de las lesiones acumuladas en sus rodillas. Colgó definitivamente el vestido de torear el 18 de mayo de 2000, en Jerez, y dos años después recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

Durante la temporada de 2007 ejerció el papel de apoderado de Morante de la Puebla, que prescindió de él en la siguiente campaña.

Más sonada fue su presencia en un acto celebrado en Ronda en el otoño de 2014. Se presentaba un libro de su propio hijo, Jesús Soto, en un acto en el que Rafael detentaba el papel de estrella invitada. Pero el torero acabó arremetiendo contra todos, incluido su hijo y hasta la alcaldesa de la ciudad malagueña, despidiéndose del acto con la célebre frase: “Yo me voy a Jerez de la Frontera, donde se comen las papas enteras”.

Aquella salida de tono, de alguna manera, marcó el definitivo declive personal del torero. Al cumplirse los 60 años de su alternativa rondeña, la repercusión taurina del artista de Jerez de la Frontera trasciende de sus vaivenes personales. Rafael de Paula pasará a la historia del toreo como un artista desigual pero también irrepetible.