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La tasa de temporalidad en España alcanzó su mayor porcentaje en Andalucía, con un 35,8 % de asalariados con contrato temporal a cierre de 2018, mientras que registró su mínimo en Madrid, con un 20 %, lo que supone una brecha de 16 puntos porcentuales.

De acuerdo con un estudio de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) publicado este viernes, todas las comunidades autónomas disminuyeron sustancialmente la tasa de temporalidad respecto a los valores registrados en 2006.

No obstante, la media nacional se sitúa en el 26,8 %, muy por encima de la media de la UE, donde se registra un 14,2 %.

Por encima de la media nacional están, además de Andalucía, Extremadura (35,5 %), Murcia (33,1 %), Canarias (31,6 %), Comunidad Valenciana (28,8 %), y Baleares y Castilla-La Mancha (ambas con el 28,5 %).

Por debajo de la media nacional se sitúan, además de Madrid, Galicia (26,6 %), País Vasco (25,9 %), Aragón (25,6 %), Cantabria (25,3 %), Castilla y León (25,2 %), La Rioja (25 %), Asturias (24,9 %), Navarra (24 %), y Cataluña (21,9 %).

La diferencia de género es leve, aunque la temporalidad afecta más a las mujeres, especialmente en el País Vasco, Aragón, Canarias, Extremadura, Cantabria y Navarra, que registran diferencias de 4 y 5 puntos porcentuales entre hombres y mujeres.

Por el contrario, la edad sí es un factor diferencial, dado que los menores de 25 años representan un 71,2 % de la temporalidad de media, que se supera en Asturias (84,2 %), Murcia (79,3 %), Andalucía (77,8 %) y Extremadura (77,5 %).

La población en la franja media (25-49 años) representa un 28 % de la temporalidad y la población en la franja superior (50-74 años), un 15 %.

Por nivel de estudios, las tasas más altas de temporalidad de trabajadores con estudios superiores se observan en Canarias, Murcia y Extremadura (por encima del 27 %), mientras que los asalariados con estudios medios presentan una temporalidad de en torno al 35 % en Andalucía y Murcia, y aquellos con estudios básicos superan el 45 % en Andalucía.

El documento recuerda que durante la crisis disminuyó la temporalidad por la destrucción de empleo, pero que en los últimos años ha vuelto a elevarse.

Y advierten de que "es conveniente reducirla cuanto antes, ya que una alta y prolongada tasa de temporalidad tiene efectos negativos sobre la productividad, ya que ni las empresas ni los empleados tienen incentivos a invertir en formación específica".