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El Real Alcázar de Sevilla ha retomado la tradición de recoger naranjas amargas con las que elaborar mermelada para la reina de Inglaterra, Isabel II, un proceso para el que se han seleccionado 20 kilos entre los mejores naranjos del millar que hay en el palacio real en uso más antiguo de Europa.

Isabel Rodríguez Rodríguez, directora conservadora del Real Alcázar de Sevilla, ha explicado a Efe que las naranjas que se envían al Palacio de Buckingham se escogen "entre los árboles que tienen mejor apariencia" y con frutos "sin ningún tipo de hongo".

Además, se seleccionan de los árboles que estén en un área "protegida" de los bordes del Alcázar, que podrían estar afectados "por algún tipo de agresión externa", precisa Rodríguez, quien defiende el "tratamiento especial" que se les da a los 1.053 naranjos del recinto, un tipo de árbol que introdujeron los almohades en el siglo XII.

Sí está confirmado que las frutas no se cogen de los naranjos más antiguos que se conservan en el Alcázar, que según la leyenda los plantaron Carlos V e Isabel de Portugal con motivo de su enlace matrimonial el 11 de marzo de 1526, aunque hay quien sostiene que los plantó Pedro I (1334-1369).

Esta leyenda no se ha podido verificar, pero sí hay certeza de que un naranjo ubicado junto al Cenador de la Alcoba data de principios del XVI, que tiene una "tronca", como denominan en el Alcázar a los troncos de estos árboles, con una gran base por los numerosos brotes que ha tenido, afirma Rodríguez.

Este árbol, que aún sigue vivo y dando naranjas amargas, ha proporcionado numerosos esquejes para ser plantados en otros lugares y "es patrimonio del buen hacer de los jardineros del Real Alcázar", subrayan en el monumento, que es Patrimonio de la Humanidad.

Así, su directora destaca que en las cuatro hectáreas de jardines del Alcázar se siguen haciendo los trabajos con los naranjos de forma tradicional, como la recogida a mano de sus frutos sin hacer vibrar al árbol o la "limpia", que no poda, de las ramas que sobran, lo que les confiere un aspecto diferente a los 47.776 árboles de este tipo que hay en Sevilla o de los cítricos dulces de la vega del Guadalquivir.

"Existe un cinturón exterior que está protegiendo toda la extensión del Alcázar", resalta Rodríguez, quien señala que la tradición de enviar naranjas a la reina británica la retomó en el 2019 el anterior alcaide del recinto Patrimonio de la Humanidad, Manuel del Valle, que fue alcalde socialista de Sevilla entre 1983 y 1991 y falleció hace un año.

El año pasado se enviaron las naranjas a la reina Isabel II por valija diplomática a través del cónsul honorario británico en Sevilla, Joe Cooper, tras lo cual el embajador Hugh Elliot les "agradeció" que se recuperara esta tradición "tan bonita y tan digna".

Este año las naranjas amargas las han recogido por iniciativa de la embajada británica y se han enviado a Madrid, donde se hará la mermelada para que la consuma Isabel II, y una muestra se dará a probar al personal del Alcázar. "A ver cómo sale", dice Rodríguez con una sonrisa.

Sevilla tiene el mayor naranjal urbano de Europa, que este año ha sido especialmente fructífero, con una producción de 5,7 millones de kilos, un aumento del rendimiento del 37,5 por ciento con respecto a la campaña pasada (2019-2020) y más del doble de la registrada en la temporada 2017-2018.

Las naranjas recogidas se destinan a vertederos autorizados y de gestión controlada para la fabricación de compost y cosméticos, a explotaciones ganaderas para la alimentación de ganado caprino y a la planta depuradora de aguas El Copero para producir electricidad a partir del gas generado.