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La Sevilla del XVI, por ser Puerto de Indias tras el descubrimiento de América, vivió una transformación urbana que la convirtió en una de las grandes ciudades del mundo, lo que fue posible gracias a sus alarifes, cuyo vocabulario técnico ha sido rescatado por una investigación arquitectónica de la Universidad de Sevilla.

Casi seiscientos términos de entonces, muchos de los cuales perduran hoy entre arquitectos y albañiles, han sido incluidos en una investigación sobre la arquitectura de los alarifes del XVI, un nombre que lo mismo designaba a arquitectos y maestros de obras que a albañiles y artesanos relacionados con la construcción.

Muchos de los términos que recoge el estudio titulado "Arquitectura, dibujo y léxico de alarifes en la Sevilla del siglo XVI. Casas, corrales, mesones y tiendas", de la doctora en Arquitectura María Núñez González, son de una clara ascendencia árabe, como "alhania", que designa la alcoba o lugar de descanso, que hoy se diría dormitorio, hasta el punto de que nombraba también a la cama.

También es el caso de "alizat" o punto central en los techos de maderas labradas o "alizar" o zócalo de azulejos que corre por la parte inferior de las paredes, que convivían entonces con términos aún vigentes como "retrete", "tabique" y "antepecho", con el mismo significado entonces que mantienen hoy.

Las definiciones de algunos de estos términos conllevan toda una lección de historia y de sociología, además de arquitectura, como sucede con "tirasol", que era el "volumen elevado por encima del último nivel de la casa, tejado a una, dos o tres aguas, normalmente abierto en uno o más de sus lados (hacia la calle o el patio de la vivienda) con una danza de arcos, columnas de mármol o pilares de ladrillo y un pretil alrededor".

Ese espacio superior de la vivienda, explica Núñez-González en la voz "tirasol", tiene su antecedente en los torreones que existían en las casas de las familias nobiliarias sevillanas antes de que fueran prohibidos y mandados derribar en la época de los Reyes Católicos, por la rivalidad que suscitaron entre estas familias.

Algunos de los términos proceden de otras regiones españolas, como sucede con "troche", que procede de la campiña sur de Extremadura y que designa la viga dispuesta en la dirección del vano menor del forjado que no corresponde con la dirección habitual de la vivienda, normalmente perpendicular a la fachada.

En la época, "capilla", además de su significado más común como oratorio privado, designaba también una cúpula semiesférica y era casi sinónimo de bóveda, mientras que "camaranchón", con su aire despectivo, designaba la cámara que se utilizaba para almacenar trastos más o menos inútiles.

La investigación de Núñez-González, basada en 1.700 documentos del XVI que describen inmuebles pertenecientes a la Catedral y a los hospitales de beneficiencia de Sevilla, ha supuesto la localización de las parcelas antiguas para interpretar la organización arquitectónica de los edificios, para lo cual la autora ha efectuado 320 dibujos de planta, alzado y volumetría de algunos de ellos.

El trabajo se ocupa de cuatro tipos de edificios, casas, corrales de vecinos, mesones y tiendas, ya que, según describe la autora en sus conclusiones, "Sevilla era una ciudad de tiendas, entendidas en su sentido amplio, de puntos de venta y de talleres manufactureros y, en sentido arquitectónico, como una tipología edificatoria con sus propias características".

Sevilla en el siglo XVI fue un centro de distribución de todo tipo de bienes y mercancías, lo que además de en las tiendas se notó en los mesones, de los que el trabajo ha identificado hasta 70, de los que describe 17.

Los mesones, tan numerosos, fueron concebidos para ese uso en algunos casos, pero la mayor parte de ellos "no fueron sino el resultado de la adaptación de casas a los nuevos usos que requería la ciudad en unos años de grandes transformaciones urbanas y crecimiento demográfico".

Alfredo Valenzuela