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La pandemia ha doblegado el pulso de la economía andaluza este 2020 por el desplome de sus dos pilares, el turismo y el comercio, debido las restricciones de movilidad y a las cierres de actividad y limitaciones horarias, mientras que la industria agroalimentaria ha sido su salvavidas.

El año arrancaba con buenas perspectivas económicas en Andalucía en el segundo año de legislatura del gobierno de coalición del PP y Ciudadanos con una previsión de crecimiento del PIB del 1,9 % y la creación de 60.000 empleos.

Sin embargo, la irrupción de la covid-19 y la declaración a mediados de marzo del estado de alarma en España frenó en seco el vigor económico y hundió las previsiones de la economía andaluza, que acabará 2020 con una caída del PIB de más del 11 %, si bien para 2021 se prevé una recuperación que oscilará entre el cinco y el siete por ciento, pero no será suficiente para recuperar los niveles alcanzados previos a la crisis.

Los cierres comerciales y las restricciones a la movilidad que se han sucedido de forma intermitente desde marzo fueron un varapalo para el turismo y los servicios comerciales, que representan el 30 % del PIB andaluz, y sobre todo golpearon con dureza a la hostelería y al ocio nocturno.

Los datos turísticos son desoladores con 2,6 millones de turistas hasta octubre, una caída del 88 % en comparación con 2019, aunque se prevé una mejoría en 2021 con la previsión de alcanzar los 21 millones de turistas

Además, se calcula que entre 17.000 y 20.000 empresas han desaparecido en esta región por la pandemia, lo que supone el 5 % del tejido empresarial.

En este contexto, la industria agroalimentaria ha sido la locomotora económica con unas exportaciones récord superiores a 8.500 millones hasta septiembre y la pandemia ha devuelto el protagonismo a la actividad agraria como proveedor de alimentos.

La otra gran secuela de la pandemia es el paro, el principal caballo de batalla de la economía andaluza, que ha subido con fuerza hasta situarse cerca de la barrera del millón de parados tras aumentar más de un 21 % en un año hasta noviembre, y la EPA del tercer trimestre arrojaba una tasa del paro del 23,8 %, en niveles similares a la de la anterior crisis financiera de 2008.

Y estos datos podrían ser mucho peores si no fuera por el colchón de los ERTE, que puso en marcha el Gobierno central al inicio de la pandemia -se han prorrogado hasta el 31 de enero- para acoger a los trabajadores afectados por el cierre de las actividades de sus empresas.

Más de 90.000 trabajadores andaluces estaban acogidos a ERTE, aunque este número ha variado mucho a lo largo del año y se rozó el medio millón en el segundo trimestre.

Algunos ERTE ya se han empezado a convertir en despidos como en la aeronáutica Alestis y también amenazan con despidos en Airbus por el impacto de la pandemia en el transporte aéreo y en esta industria.

En el plano empresarial la crisis financiera de Abengoa ha tenido un gran protagonismo ante la insistencia de la empresa para que la Junta le concediera una ayuda de 20 millones, a lo que el gobierno andaluz se negó, a pesar de las presiones, por no disponer del aval jurídico necesario.

Junto a los ERTE, se desplegaron otras herramientas para paliar el impacto de las restricciones como ayudas de la Junta a los autónomos, que han solicitado casi 100.000 en un pago único de 1.000 euros, y un plan de apoyo a pymes y autónomos dotado con más de 667 millones para ayudar a estos colectivos empresariales dado su elevado peso en la economía andaluza.

Además, el gobierno andaluz puso en marcha uno de los proyectos estrella en materia económica como fue el decreto de mejora y simplificación de la regulación para el fomento de la actividad productiva, que modificó 21 leyes y seis decretos, y que tuvo su tira y afloja judicial con el gobierno central, pero finalmente se cerró con un acuerdo.

El decreto recorta los plazos para constituir empresas sustituyendo la licencia de obras por la declaración responsable, amplía los horarios comerciales y facilita la declaración de municipios turísticos, entre otros aspectos para agilizar la actividad productiva.

A pesar de este año fatídico, las previsiones para 2021 son más optimistas gracias a las vacunas contra el coronavirus y a los fondos europeos Next Generation y, aunque la Junta, no los ha incluido en los presupuestos de 2021 por prudencia, espera que a Andalucía lleguen más de 23.000 millones si se atiende al criterio de reparto en España por población, renta per cápita y tasa de paro y ayuden a retomar el pulso económico.