EFESevilla

Igual que los artesanos japoneses hacen a mano los quimonos pintando uno a uno cada uno de sus hilos de seda, Eva Yerbabuena ha compuesto sus "Cuentos de azúcar", basados en la música tradicional de Japón y que ha rehuido fusionar con el flamenco, sino que ha "hilado" estas canciones con su baile.

Las canciones populares de la isla de Amami interpretadas por la cantante japonesa Anna Sato al sur de Japón y el baile de Yerbabuena por cañas, cartageneras, alegrías, granaínas, tangos y malagueñas granaínas, transcurrirán "hilados" en este espectáculo que mañana se representa en el Maestranza de Sevilla dentro de la Bienal de Flamenco y que fue estrenado en el festival GREC.

La bailaora y coreógrafa se ha vuelto a preguntar hoy qué ven los japoneses en el flamenco para entusiasmarse de esa manera con este arte, y se ha respondido con las virtudes que la han cautivado a ella de la cultura japonesa: "la profundidad, la honestidad y la lealtad, algo que se nota a la hora de trabajar y convivir con ellos".

Yerbabuena ha asegurado que es el país en el que más tranquila se siente, donde disfruta de la educación de sus gentes, donde brilla "la lealtad a todo, sobre todo a su cultura".

Un país que, aunque lo visitó por primera vez en 1992, empieza a conocerlo ahora, en lo que ha sido fundamental su encuentro con la cantante Anna Sato, quien le entregó una grabación con sus canciones populares.

Nada más escuchar estas grabaciones, la bailaora le dijo a su inseparable Paco Jarana, guitarrista que ha puesto música al espectáculo, que se trataba de una música que "le había llegado al alma", de modo que ambos viajaron a Gotemburgo (Suecia) para ver una actuación de Anna Sato y tener un primer encuentro con ella.

Más tarde, viajaron a la isla de Amami, dominada por la simbología del círculo, para empaparse de la cultura tradicional japonesa e introducirse en su selva, antiguamente habitada por esclavos que trabajan en la caña de azúcar y temían a unas serpientes venenosas que todavía hoy obligan a todos los hogares de la isla a mantener un botiquín con antídoto.

Todas estas canciones, ha explicado Yerbabuena, se refieren a historias verdaderas, y una de ellas cuenta la historia de amor de una esclava bellísima que fue desfigurada por su amo, lo que la llevó al suicidio por no mostrarse de ese modo a su amado.

Otro momento del espectáculo recordará el canto de las mujeres que, acompañado por tambores, despedía desde la orilla a los hombres que se adentraban en el mar, otra es una nana cantada a un niño que pregunta por su madre y otra se dedica a la simbología de un pájaro negro, lo cual, ha confesado Yerbabuena, le ha recordado lo poco que le gustaba a su abuela el canto de la lechuza.

No es la única coincidencia entre ambas culturas, ya que en Amami asistió la bailaora a una fiesta tradicional japonesa que le recordó las fiestas flamencas de jerez, así como dos bailarines japoneses le parecieron que "no se podía ser más flamenco" por el movimiento de sus brazos y el giro de sus muñecas.

En este espectáculo Yerbabuena ha tratado de "traducir" todo lo que ha vivido desde que conoció a Anna Sato y, con una escenografía y un vestuario "sobrios y elegantes", es un "éxtasis de paz" y resulta "muy hipnótico".

La coreógrafa y bailaora, que también ha calificado su espectáculo de "muy espiritual", ha asegurado que siempre ha considerado que la música y la danza son "sanadores", y que esta función también lo es.

Antes de partir a Japón, "Cuentos de azúcar" estará en Manresa, Nimes y Jerez.