EFEHuelva

Una investigación liderada por las universidades de Granada y de Huelva ha demostrado que la contaminación en la ría de Huelva se debe a la intensa actividad industrial que se produjo en su entorno entre los años 1968 y 2010, principalmente, por los fosfoyesos.

El estudio, según ha informado la institución académica en un comunicado, se centra en la balsa de fosfoyesos situada en las marismas de Huelva, en el estuario que forma la confluencia de los ríos Odiel y Tinto, fruto de la actividad industrial desarrollada durante más de cuarenta años por Fertiberia.

Los fosfoyesos (principalmente formados por yeso) son residuos altamente ácidos producidos por la industria de fertilizantes y se consideran un riesgo potencial importante para el medio ambiente, ya que contienen altas concentraciones de contaminantes y muchos reactivos químicos peligrosos.

El estudio precisa que la balsa de fosfoyesos contiene "aguas subterráneas altamente contaminadas que fluyen alcanzando el borde de la balsa y formando flujos llamados salidas de bordes, que son fugas ácidas que contaminan continuamente el estuario".

Otra fuente de contaminación es el agua almacenada en la superficie de la balsa, conocida como agua de proceso, que se usó para transportar el fosfoyeso desde la fábrica hasta la balsa.

Fertiberia ha llevado a cabo restauraciones preliminares en algunas zonas de la balsa ocultando el fosfoyeso con cubiertas de tierra vegetal, medidas que se antojan insuficientes.

Este estudio señala la ineficacia de las restauraciones actuales y la necesidad de un enfoque de remediación diferente, ya que, de lo contrario, los vertidos de fosfoyesos continuarán descargando y contaminando el estuario y eventualmente el Océano Atlántico.

El agua del estuario accede a la balsa de fosfoyeso en profundidad y posteriormente retorna al estuario ácida y contaminada, por tanto, como parte de la investigación, se estudió el comportamiento de los contaminantes simulando la mezcla agua de mar con los lixiviados de fosfoyesos.

Se ha constatado que contaminantes tóxicos como cobre, zinc, arsénico, cadmio y antimonio finalmente terminan en el Océano Atlántico contribuyendo significativamente a las cantidades totales de metales y amenazando las condiciones ambientales del litoral, mientras que otros elementos como aluminio, hierro, cromo, plomo y uranio precipitan en el fondo del estuario.