EFEMálaga

Desde que comenzó el confinamiento por el coronavirus han surgido en las redes sociales estampas de animales salvajes como jabalíes o cabras montesas que invaden espacios urbanos, lo que viene a demostrar que en realidad son vecinos habituales que aprovechan la ausencia humana para hacer estas visitas.

"Todos tenemos en mente las imágenes de Chernóbil, que cuando se abandonó fue conquistada por la flora y la fauna", afirma en una entrevista con Efe Jesús Olivero, profesor del Departamento de Biología Animal de la Universidad de Málaga.

También existen "casos históricos en los que un descenso fuerte de la población debido a guerras y epidemias como las de los siglos XIV y XV en Europa favorecieron la recuperación de la biodiversidad", pero "hay que tener en cuenta que solo llevamos una semana y media confinados", por lo que "hay que ponerlo todo en su debida medida", advierte este experto.

Achaca estos avistamientos a tres posibles razones, la primera y "más importante", a su juicio, que "estos animales son vecinos nuestros, siempre lo han sido, y por ejemplo los jabalíes son habitantes de bosques junto a la ciudad, además con densidades grandes, y ciudades como Barcelona desde hace años tienen problemas en barrios periféricos porque siempre han entrado".

"Lo mismo ocurre con otras especies como los zorros, que viven alrededor y lo que les mantiene fuera es nuestra presencia. Ahora están vacías las calles, no hay ruido y, si antes se lo pensaban antes de entrar en nuestros barrios, han perdido ese temor", señala Olivero.

La segunda posible razón es que "a alguna población de una especie le esté faltando alimento porque habitualmente es alimentada por el ser humano".

Así se puede explicar la imagen de una bandada de palomas que perseguía a una mujer en Benidorm, ya que estas aves "eran alimentadas por personas que salían al parque y ahora no lo hacen, y, sin un comportamiento agresivo, buscan activamente la interacción al no ser alimentadas".

"La tercera posible razón es que estamos en casa, aburridos, miramos por la ventana, anhelamos el exterior y nos fijamos en cosas que antes no veíamos. Los cisnes en las aguas de Venecia parece que siempre han estado ahí, pero por alguna razón no se les había prestado atención", añade este profesor.

Por el contrario, no cree que estas visitas de animales se deban a un intento de recuperación de espacios que le fueron robados por la ciudad, porque "en una semana y media la evolución no tiene tiempo de cambiar" y en realidad estos espacios urbanos "nunca han dejado de ser su hábitat".

"No es que recuperen su hábitat, es que viven aquí. Lo que no suelen hacer es entrar en la ciudad con tanto descaro como ahora, porque estamos nosotros, los espantamos, los coches son una barrera fuerte y nada de eso está ahora. Evidenciamos una realidad que siempre está ahí y que ahora está envalentonada".

Al preguntársele por las enseñanzas que se pueden extraer de esta situación, advierte de que hay que ser "cuidadosos" y precisa que "el ser humano es un gran invasor de espacios, no solo la ciudad, porque el mayor impacto que se le puede achacar sobre la biodiversidad es la agricultura, al ser casi todo nuestro país un huerto".

"No solo ahora, sino siempre, debemos aprender a compatibilizar, más allá de las áreas protegidas, la presencia de una biodiversidad equilibrada con el uso que hacemos del espacio", añade a Efe Olivero.

Y matiza que hay que "ser conscientes de que, en la ciudad, la presencia de animales puede ser realmente peligrosa, y puede divertirnos ver jabalíes a través de la ventana, pero pueden ser causa de accidentes mortales".

"No debemos tomarnos a la ligera que haya que compartir la ciudad o las autovías con animales que son un peligro para nuestra vida", advierte este experto, que apuesta por guardar un "equilibrio" entre "mantener zonas para la fauna en áreas utilizadas por el ser humano como el medio rural y controlar poblaciones que puedan estar sobredimensionadas para evitar daños sobre la población humana".