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La aceitera Deoleo vive en una crisis casi permanente desde hace una década, un período marcado por las pérdidas millonarias y una caída de sus ventas a la mitad y que vive estos días un nuevo capítulo con la reestructuración de la compañía.

Deoleo -la compañía se llamó SOS hasta 2011, cuando vendió su negocio arrocero a Ebro Foods- facturaba hace diez años cerca de 1.100 millones de euros; hoy se estima que a cierre de 2019 los ingresos de la firma rondaban los 550-600 millones de euros.

En el período 2010-2018 cerró en números rojos siete de los nueve ejercicios, con unas pérdidas acumuladas en el entorno de los 900 millones de euros, y pese a ello sigue siendo líder mundial en comercialización de aceite de oliva, según sus datos.

Aunque las cifras del último año no se conocen todavía, en los nueve primeros meses de 2019 la tendencia a la baja se repetía.

No obstante, buena parte de estos perjuicios fueron atribuidos por la empresa al deterioro del valor de sus activos, especialmente de las marcas que conforman su portafolio: Koipe, Carbonell, Hojiblanca, Bertolli y Carapelli, entre otras.

Este deterioro afectó a su patrimonio y lo devaluó, provocando que la compañía incurriera en quiebra técnica -formalmente llamado "causa de disolución"- tres veces entre 2017 y 2019, aunque siempre ha maniobrado para evitar el concurso de acreedores.

En esta última ocasión la solución ha consistido en reducir su capital social a cero y acometer una posterior ampliación de hasta 50 millones, lo que en la práctica provoca que los accionistas pierdan toda su inversión si optan por no participar en esta última operación.

Además, también se ha aprobado pasar todos los activos y pasivos de la aceitera a una filial, Deoleo Global, de la cual el 51 % estará en manos de los accionistas del grupo -CVC y el resto de inversores que acudan a la ampliación- y el 49 % pertenecerá a la banca acreedora, que ha aceptado capitalizar una parte de su deuda a cambio.

A grandes males, grandes remedios. Bajo esa máxima justificó estas medidas el presidente y consejero delegado del grupo, Ignacio Silva, quien incidió en la junta de accionistas del pasado viernes en la "insostenible" situación financiera en la que se encontraba la firma, incapaz de pagar los vencimientos de deuda de 2020.

Los minoritarios han manifestado su indignación en las últimas juntas, exabruptos incluidos: "No nos tomen por tontos, un poco somos, pero gilipollas no"; "En la cárcel tenían que estar"; "Se han pulido todo el dinero, son unos fracasados sin corazón por engañarnos"; o "Tienen poca vergüenza" son sólo algunas de las quejas que se pudo escuchar en la celebrada el viernes.

En su punto de mira colocan al mayor accionista de Deoleo, el fondo CVC, al que acusan de querer hacerse con toda la empresa a un precio de saldo y de cambiar continuamente de equipo de gestión, con cinco consejeros delegados en el último lustro.

Por el momento su inversión es poco menos que ruinosa: entraron en 2014 pagando 38 céntimos por acción y actualmente sus títulos cotizan levemente por encima de los 2 céntimos, casi 20 veces menos.

Capítulo aparte merece la debacle registrada en Bolsa por la compañía, cuyos títulos han protagonizado subidas y bajadas de dos dígitos casi a diario desde que arrancara 2020 y que hoy valen cuatro veces menos que hace un año.

Como compensación a los minoritarios, el consejo de la aceitera ha abogado por entregarles de forma gratuita "warrants", certificados con los que en el caso de que la empresa se venda en menos de cinco años podrán recibir un 10 % del valor que exceda de 575 millones de euros, fijado como el precio mínimo a partir del cuál se les abonaría la contraprestación.

Ahora el grupo pretende abrir una nueva etapa, aunque su máxima de apostar por la calidad y el consumidor "marquista" se mantiene intacta, rechazando entrar en el mercado de marcas blancas -como sí hacen otros competidores- y con el negocio internacional entre sus prioridades.

La caída de los precios en España, la producción excedentaria de aceite de oliva y los aranceles impuestos por Estados Unidos al "oro verde" de origen nacional son dificultades añadidas para Deoleo, cuyo presidente defiende, sin embargo, que su plan de negocio ya empieza a dar frutos y que la empresa "tiene futuro". Pese a todo.