EFEPujerra (Málaga)

Aunque la mayoría de los desalojados por el incendio de Sierra Bermeja ya han regresado a sus casas, en Pujerra -uno de los municipios del Valle del Genal evacuado este domingo- las calles continúan vacías, las ventanas entornadas, los negocios cerrados y sus moradores aún tienen el miedo en el cuerpo.

Es un pueblo pequeño de calles estrechas y empinadas y casas blancas encaladas, donde se respira tranquilidad; ha llovido y las amenazantes nubes negras de humo y cenizas de días pasados han dejado paso a un cielo azul limpio y claro.

LOS HIDROAVIONES SIGUEN TRABAJANDO

Sin embargo, el sonido de los motores de las aviones y helicópteros de los servicios de extinción de incendios al sobrevolar la sierra recuerda que a escasos kilómetros de Pujerra se sigue trabajando para evitar que se reaviven los últimos rescoldos del fuego.

Isabel Morales, que regenta una tienda de comestibles en el municipio, ha contado a Efe cómo los más jóvenes trataron de ayudar a los mayores durante la evacuación; así, ella misma trasladó en su coche a varios ancianos hasta el centro habilitado para los desalojados en Ronda.

La mayoría de los vecinos, gente sencilla y amable, son ya mayores y se marcharon del pueblo con mucha pena y lágrimas en los ojos, ha explicado Catalina Cozar, mientras recordaba “el caos” que se formó en apenas unos minutos.

Entre los pocos que se han animado a salir el tema de conversación es, como no podía ser de otra manera, el desalojo y las devastadoras consecuencias de un incendio en el que ha perdido la vida un bombero y que ha calcinado alrededor casi 10.000 hectáreas de monte.

ALEGRÍA AL VOLVER, PENA AL VER EL MONTE CALCINADO

El regreso al pueblo ha sido como “una feria” y la gente llegaba muy contenta, comentaba otro vecino, Francisco Morales, luego salían fuera a ver “que es lo que había pasado” y cómo ha quedado la sierra y “sus caras eran completamente diferentes conforme iban viniendo”, añade.

Rodeado de castaños, en cuya producción encuentran sustento gran parte de los locales, en Pujerra todos dan gracias porque los árboles aún estaban verdes y el suelo limpio, señala Catalina, en cuya finca el fuego se ha quedado a las mismas puertas.

Aunque contenta por que las ovejas se han salvado, Catalina se muestra preocupada porque no tienen qué comer ya que se ha quemado el paraje donde pastaban.

Esther Gómez