EFESevilla

La plaza de toros Monumental de Sevilla fue el efímero y fugaz sueño de José Gómez Ortega 'Gallito' que se frustró con su muerte en Talavera de la Reina en 1920 y que, sin embargo, pervive hoy en el coso de Pamplona, obras ambas del mismo arquitecto, el donostiarra Francisco Urcola Lazcanotegui.

'Gallito' mandó en el toreo y, junto a Juan Belmonte, le dio nombre a su Edad de Oro, en la que a sus veinte años escasos quiso hacer realidad su idea de abaratar los precios de la entradas para hacerlas asequibles a un mayor número de aficionados y, para ello, promovió el concepto de las plazas monumentales para más de 25.00 espectadores.

Sin embargo, en Sevilla había una plaza de toros, la Maestranza, y el que hubiera una segunda significaba una seria amenaza a sus ingresos económicos por la división de los aficionados y, además, por la competencia en el precio de las entradas, lo que a la postre fue el origen de la demolición de La Monumental.

'Plaza de toros Monumental de Sevilla. La dignidad de un proyecto' es el título de libro de los arquitectos Fidel y Julio Carrasco Andrés y Carmen del Castillo en el que se analiza la génesis y la breve vida de este coso que, tras la muerte de su impulsor, comenzó a languidecer hasta su demolición en 1930.

La Monumental de Sevilla, obra también pionera en el empleo del hormigón, fue promovida por un conocido gallista, el empresario Julio Lissen, quien encarga el proyecto al arquitecto donostiarra Francisco Urcola, quien era el autor del Hotel María Cristina, el Teatro Victoria Eugenia y la plaza de toros de El Chofre de San Sebastián.

La construcción se inició en 1916 y se inauguró en 1918 tras una prueba de carga fallida en 1917 en la que se derrumbó un tercio de la plaza, lo que fue aprovechado por los detractores del proyecto para "desacreditar la capacidad estructural del hormigón armado".

La Monumental de Sevilla se mantuvo abierta y a pleno rendimiento durante las temporadas de 1918, 1919 y 1920, aunque tras la muerte de su impulsor en Talavera, ya no tuvo posible valedor que la defendiera de la actuación de fuerzas vivas de la ciudad que actuaron en favor de La Maestranza y sus propietarios, la corporación nobiliaria del mismo nombre.

El edificio fue clausurado en 1921 por orden gubernativa y los motivos fueron sobre todo económicos porque "los precios ofertados para las localidades" eran más baratos que los de La Maestranza, cuyo empresario "se vio obligado a rebajar los suyos".

"No es que fuera más barato ir a La Monumental, sino que los precios que se ofertaban desde allí motivaron que la empresa de la Maestranza tuviera que bajar los suyos", señalan los autores, para quienes este hecho prueba el interés de la afición de Sevilla a pesar de hundimientos, bulos y campañas de prensa perfectamente orquestadas".

Concluyen los autores que, al final, como suele ser habitual, los poderosos ganaron, pero tuvieron que esperar a que muriera Galito para ver el edificio clausurado y diez años más para verlo demolido" y que ése fue el poder de José hasta que 'Bailaor' lo mato en Talavera de la Reina.

Ya no existía el valedor, el visionario, y mientras en Sevilla se cerraba su plaza, de la que hoy apenas queda un resto sobre un edificio de pisos, la Casa de Misericordia de Pamplona le encarga al mismo arquitecto el proyecto, la dirección de obra y las pruebas de carga previa a la inauguración de la nueva plaza", tal era su confianza en la solvencia técnica del arquitecto.

Carlos del Barco