EFESevilla

El anfiteatro romano de Itálica, en Santiponce (Sevilla), fue expoliado y utilizado como cantera desde su inutilización hasta el siglo XVIII, cuando se emplearon cargas explosivas para extraer material para obras públicas, pese a lo cual sus cloacas siguen funcionando como ha demostrado una reciente intervención en el conjunto arqueológico.

Se trata de la intervención efectuada por los arquitectos Francisco Reina y Pedro Lobato a lo largo de los últimos dos años, y que ha merecido uno de los premios Andalucía de Arquitectura, en la Puerta Libitinaria del anfiteatro, cuyo entorno ha sido adecuado para las visitas turísticas y junto a la cual se han canalizado las filtraciones del cauce del arroyo sobre el que se construyó el edificio y se han conducido a la cloaca romana, por donde se desaguan estos aportes.

La cloaca es perimetral y rodea todo el anfiteatro, el más grande del imperio romano construido fuera de la península de Italia, y es capaz de asumir todo este aporte de agua que, filtrada por las arenas que la separan de una presa próxima, sirven también para limpiar la antigua cloaca, que se conserva casi intacta como se pudo comprobar al ser limpiada del fango de los antiguos aportes por esas filtraciones.

Francisco Reina ha explicado a Efe que los romanos emplearon para levantar el anfiteatro la vaguada del cauce de un pequeño arroyo que iba a desembocar al Guadalquivir, que previamente encauzaron por otra parte pero cuyas filtraciones siguieron afectando al sector oeste del edificio, donde se halla la segunda puerta más importante del edificio, la Puerta Libitinaria.

En los años sesenta, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir construyó una pequeña presa fuera del conjunto arqueológico que tampoco logró acabar con las filtraciones, que seguían aportando lodos al entorno de la Puerta Libitinaria.

Al igual que hicieron los romanos hace más de diecisiete siglos, la solución a este problema aportada por Reina y Lobato ha sido recoger ese agua por una serie de canalizaciones para finalmente conducirla al sistema romano o antigua cloaca que la conduce hasta su salida natural al Guadalquivir, un método que hace además que la cloaca romana se limpie sola.

El proyecto arquitectónico también incluía reacondicionar la ladera oeste junto al anfiteatro, ahora transitable para las visitas turísticas y desde la que se ofrece una nueva vista panorámica del conjunto.

Igualmente, la intervención ha permitido instalar una pequeña pasarela metálica por la que los visitantes pueden salir del anfiteatro por la misma Puerta Libitinaria, que antes no era transitable.

Esa nueva salida también permite a los visitantes entrar por la Puerta Triunfal (principal) del conjunto, orientada al Este y la más próxima al acceso al conjunto arqueológico y salir por la Libitinaria, al oeste y enfrentada a aquella, con lo que pueden hacerse cargo de la grandiosidad del "eje" que conecta ambos accesos.

Si por la Puerta Triunfal entraban los gladiadores y los participantes victoriosos en los juegos, la Libitinaria se reservaba para que salieran los muertos en los juegos y los perdedores, de modo que las salas que había en su entorno se empleaban como gimnasio o enfermería, entre otros menesteres.

La intervención, según ha recalcado Reina, es "invisible o neutra porque lo importante es la potencia de las ruinas" y porque la singularidad del conjunto arquitectónico exigía es "invisibilidad".

Ese mismo criterio se ha seguido para sustentar los escombros superiores del anfiteatro que, aunque escombros caídos sobre el antiguo graderío romano cuando el edificio fue expoliado como si de una cantera se tratara, siguen dando una idea de la magnitud de una construcción que fue grandiosa y sirvió de sede de, como mínimo, juegos ámbito regional.

Alfredo Valenzuela