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Dieciocho años ha tardado María Jiménez en abandonar el confinamiento en el que ella misma se había recluido respecto a los estudios de grabación y en volver con una colección de versiones del cancionero latinoamericano en la que se recrea, como solo ella sabe, en el engaño, los celos y el final del romance.

"El amor es muy light; prefiero el desamor para pelearme con las canciones", explica en una entrevista con Efe este martes en Madrid, a propósito del disco "La vida a mi manera" (Universal), que se edita este viernes y constituye su primer trabajo de estudio desde "Bienaventurados" (2006).

Ningún proyecto, argumenta, la había tentado lo suficiente en todos estos años como para volver a grabar. "Y yo las cosas no las obligo. Tenía ganas de hacerlo y de hecho lo estaba preparando por mi cuenta, pero me llamaron de Universal un día para decirme que se hacían cargo, así que por mí estupendo", cuenta sobre otros factores que han facilitado esta vuelta.

Sus ánimos redivivos llegan tras recuperarse en 2019 de un cáncer de colon que la tuvo ingresada e inconsciente casi tres meses, por lo que este aciago 2020 de pandemia podría parecerle casi un paseo a la artista, más allá de que retrasó levemente la salida del nuevo álbum, que ya estaba "enjaretado" cuando le tocó confinarse en marzo.

"Yo me confino mucho en mi casa sin darme cuenta. Me llevo meses sin salir como no sea para la compra o un aperitivo. Por eso para mí esto no ha sido pesado", cuenta Jiménez (Sevilla, 1950), que ha facturado su nuevo proyecto junto al productor José Quevedo "Bolita" y no con Diego Magallanes como se anunció inicialmente ("por un problema de agenda", justifica).

Genio y figura, explica que su retorno a los estudios ha sido muy fluido y a la medida de su leyenda. "Yo no llego y me siento a cantar. Me pido una cervecita o un roncito y cuando ya tengo el puntito para cantar, ahí empieza la música", relata, antes de afirmar que ninguna de estas canciones le ha supuesto un reto.

Personal en sus quiebros, hace suyo y sin miedos por ejemplo el clásico "A mi manera" que tantas vueltas ha dado por el mundo, desde la original francesa "Comme d'habitude", de Claude François y Jacques Revaux, que tradujo al inglés Paul Anka para ser popularizada por Frank Sinatra en 1969.

La acompañan en esta aventura la guitarra de Raimundo Amador ("Qué bueno") y las voces de Pitingo ("Le pido al tiempo que vuelva") y de Miguel Poveda (en "Qué felicidad la mía", el tema de Paco Cepero que ambos grabaron hace dos años y que se había quedado colgado).

Doce son los temas incluidos en su decimonoveno disco, todos escogidos por ella misma, la mayoría a partir del cancionero latinoamericano ("Porque a mí me han vuelto loca toda la vida y en casi todos mis álbumes he incluido alguna", dice) y varias popularizadas por Vicente Fernández.

"Él es mi magia", afirma del mexicano, del que ha versionado para la ocasión cortes como "Un minuto de silencio" o "Por tu maldito amor".

De entre ellos, llama la atención especialmente "Marioneta", en la que canta: "Que tiene careta de felicidad / Que sale a la escena / Con el alma muerta / Pero tiene oficio / De saber cantar".

"Esa canción me representa mucho; para mí saber cantar no es nada más que sentir y transmitirlo", señala este ciclón de las tablas que dice no haberse sentido nunca más que esclava de la actuación. "Soy un animal de escenario", insiste.

Ya piensa en volver a ellos "cuando se vaya el covid este", una enfermedad que la impidió debutar el pasado verano en el Teatro Real de Madrid, pero no reaparecer en el Starlite Festival de Málaga en agosto.

"Para mí eso fue maravilloso y me encontré como un árbol, fresca y joven", rememora quien después de casi 20 años alejada de los estudios de grabación, no piensa quedarse ahora parada y que afirma que dedicará los próximos meses "a empezar a buscar temas nuevos".

Javier Herrero