EFEValladolid

Ni palanganas, ni verderones, morantistas o curristas, el escritor Salvador Navarro ha reivindicado una Sevilla sin monteras, saetas y faralaes, "una ciudad urbana, estándar y normal como cualquier otra", la que plasma en sus novelas como la última, "El hombre que ya no soy" (Algaida).

Más allá del flamenco, el turismo, los toros y la Semana Santa, "esa ciudad existe, está ahí, con gente comprometida y, como todas, ofrece atractivos y miserias", ha explicado hoy Navarro (Sevilla, 1967) en una entrevista con la Agencia Efe, antes de presentar en Valladolid una novela "psicológica y de fuerte componente social".

Tiene además "un punto negro, de suspense" y difiere de sus hermanas del género en que "aquí no hay inspectores que resuelvan los casos, sino que es el propio protagonista el que se tiene que buscar la vida".

Devoto de Murakami, admirador de Paul Auster y cofrade de Patricia Highsmith, de todos sus predilectos ha asumido rasgos hasta crear un estilo y atmósfera propios que le hacen reconocible, según le comentan sus lectores y él agradece como un logro en un territorio, el de las letras, "de gran competencia".

Iconoclasta en la técnica literaria, Navarro ha huido del prototipo de personaje principal, del canon que sugiere personajes secundarios sin excesivo relieve para no desdibujar al protagonista, y apostado por temáticas de actualidad, enredos psicológicos y alteraciones constantes, con Sevilla como "guiño constante".

Ingeniero industrial, además de escritor es miembro del Comité de Dirección de la multinacional Renault y responsable de Calidad en la factoría de caja de cambios situada en su ciudad natal, y dedica a la literatura el tiempo que le deja libre los constantes viajes laborales dentro de España y otros países.

Concienzudo y metódico en su profesión, aplica análoga minuciosidad a sus libros con una receta clara basada en "capítulos breves, ritmo intenso y diálogos ágiles", una escritura "muy cinematográfica" como lo demuestra la reciente adaptación de su novela "No te supe perder" (2011), protagonizada por Aníbal Soto y Marisol Membrillo.

Después de no llegar a tiempo al pasado Festival de Cine Europeo de la capital hispalense, espera ahora su inclusión en la sección oficial del Festival de Málaga y, en su caso, de la próxima Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), para la proyección de un filme producido por el sistema de pequeño mecenazgo.

"El hombre que ya no soy", su sexta novela, describe a través de sus personajes "las miserias y perversiones de la sociedad contemporánea", un relato "con mucha fuerza, que habla del remordimiento" y reflexiona sobre el concepto del límite o frontera, "el punto a partir del cual una persona no vuelve a ser lo que fue, desde el cual ya no hay retorno".

"Mis historias tratan conflictos universales que suceden en cualquier momento y lugar, y el mejor que conozco es el actual y la ciudad de Sevilla, lo que me permite una mejor ambientación y una mayor credibilidad", ha precisado, aunque también ha situado sus relatos en ciudades como Nueva York ("Andrea no está loca") y París ("Huyendo de mí").

Fiel a Jöel Dicker, otro de sus cómplices literarios, al igual que el escritor suizo pretende estructurar sus narraciones de modo que el lector se sitúe rápidamente en el argumento al margen de la página que abra.

Valladolid, destino de sus viajes profesionales con Renault, se suma ahora como escenario de sus relatos, al formar parte de este con el recuerdo de los trabajadores "de acento finolis" que en los años ochenta y noventa se incorporaron a la cadena sevillana de la factoría de cajas de cambio.

Roberto Jiménez