EFEAlmería

La Unidad Terapéutica y Educativa (UTE) es un departamento del centro penitenciario El Acebuche de Almería en el que desde hace diez años aquellos internos que quieren dar un giro a su vida y alejarse del infierno de la droga y las adicciones tienen todos los medios y recursos a su disposición.

Este martes se cumple precisamente el décimo aniversario de la puesta en marcha de este espacio en el que residen de forma voluntaria presos como David, un argentino que lleva 22 años en España y ocho meses en la UTE. “Venía de una situación de consumir bastante droga, tengo dos hijas y por ese consumo hice cosas que no debía haber hecho”, relata a EFE el interno.

Apenas unos días después de ingresar en el módulo 10 de El Acebuche decidió pedir el traslado a la UTE. Al principio pasaba la mayor parte del tiempo “apenado” y sin integrarse” pero ahora se da cuenta de la “evolución que ha tenido” gracias a “los funcionarios, los terapeutas, las maestras y, sobre todo, los compañeros”.

En la UTE es obligatorio acudir a clase y en la escuela este reo ha recordado cosas que aprendió y se quedaron por el camino. “Jamás pensaba que iba a volver a coger un cuaderno (…) Tampoco que me iba a gustar tanto escribir y lo hago todos los días”, dice.

Su sueño cuando salga es recuperar a su familia, a su mujer y sus dos hijas y, si esto no es posible, “vivir pero no como antes”. “Antes estaba libre pero preso de las drogas, ahora estoy preso, pero no de las drogas”, afirma.

Otro de los internos de la UTE es R. S. V., que lleva tres años y medio en este departamento. Afirma que la droga rompió su entorno familiar y que llegó un momento de “reflexión” en la cárcel en el que pensó que tenía que cambiar “de una maldita vez” o seguir una vida que lo podía llevar a “aparecer muerto en una cuneta”.

“Es una experiencia enriquecedora, maravillosa, bonita… No tengo palabras”, dice sobre su estancia en la UTE, asegurando que aquí ha vuelto a ser “feliz”, añadiendo que ha podido recuperar a su mujer. “Puedo estar preso de libertad pero no de amor, mi corazón es feliz”, asevera.

Y especialmente valora la educación, los valores que recibe, los hábitos y conocimientos, la empatía… Tanto es así que dentro de un mes concurrirá a las pruebas del graduado libre a pesar de que cuando llegó a la escuela no tenía motivación. “Doña Tola (Victoria) y doña Valeria creyeron en mí, en que yo podía. Con ese cariño, dedicación y amor, me fui integrando”, apunta.

Cuando salga de la cárcel pretende ingresar en un centro de desintoxicación para continuar su sanación y luego recuperar el “tiempo perdido” y, lo antes posible, ser padre.

Antonio Juárez es uno de los funcionarios de prisiones que desarrolla su labor en la UTE desde que abrió sus puertas en un momento en el que este concepto era “completamente innovador”. “Un módulo de tratamiento que primaba la reinserción del interno y la terapia y la educación para dejar las drogas, completamente cerrado al resto de módulos pero muy abierto a la sociedad”, explica.

Esta apertura a ONG o entidades como el Centro de Prevención de Drogodependencias de la Diputación de Almería son, para él, la clave del éxito de la UTE, sumado a que los internos están rodeados por otras personas que como ellos quieren dejar adicciones de todo tipo. “No sólo tratamos cocaína, pastilla… Ahora también hay muchos juegos de azar, alcoholismo”, añade.

Con todo, para él el éxito de este modelo se demuestra en que el 80 % de estos internos logra la reinserción una vez cumplida su pena, frente al 50 % del resto de módulos.

Las clases en la UTE, como en el resto de la prisión, son cosa del Centro de Educación Permanente (CEPer Retamar), de cuya plantilla es profesora desde hace 34 años Victoria Lucio, quien coordina las aulas de la UTE, en las que se dan todos los planes educativos disponibles en El Acebuche, “menos Emprendedores porque no pueden salir al exterior”.

La docente destaca la evolución “extraordinaria” que presentan los internos que ingresan en este departamento. “Aquí la escuela es obligatoria, tienen que ir a todas las actividades terapéuticas, educativas, o las que hacen funcionarios como Antonio, que es licenciado en Historia y da charlas sobre esta materia”.

Pero, subraya, siempre se cuenta con la participación de los internos, que “adoptan hábitos que te dejan asombrada” por el respeto a las normas que entre todos han acordado.

El director de El Acebuche, Miguel Ángel de la Cruz, destaca por su parte la importancia de la UTE como “oferta de cambio” a unas personas que pueden optar por “no participar y no preocuparse por su propio desarrollo” o, por el contrario, aprovechar de “manera proactiva” su tiempo en prisión y dejar atrás el problema que ha “distorsionado su vida en la calle y en su entorno familiar”.

“Se ven arrastrados por estructura participativa en el centro (…) Quien la aprovecha tiene muy pocas posibilidades de regresar al centro y muchas de restablecer su vida. Es un recurso en que los internos son sujetos activos, pero también la sociedad y, sobre todo, las familias”, incide.

Ahora, una vez esta fórmula está “muy consolidada”, queda un paso más que se llevará a cabo a finales de este año como tarde, el hacer que sea un espacio mixto para internos e internas. “No tiene sentido que por su condición de mujer una interna que tenga esta problemática no pueda integrarse de manera estable y permanente en este modelo de vida”, concluye.

Miguel Martín Alonso