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El arranque prematuro de la 'campaña del turrón', es decir, de la Navidad, genera daños psicológicos a muchas personas porque se adelantan las sensaciones de la fugacidad del tiempo y también emergen sentimientos de profunda tristeza.

De esta premisa parte la psicóloga Gloria Fernández, del colegio de psicología oriental de Andalucía y experta en la gestión de catástrofes, emergencias y crisis, para abordar, en una entrevista con Efe, el fenómeno del arranque prematuro de la campaña navideña y su impacto psicológico.

"Muy pocos se alegran de que cada año empiece antes" la campaña navideña con los alumbrados de las ciudades y los supermercados cargados de productos típicos de este época, ha asegurado la experta, quien sostiene que crea ansiedad en muchas personas.

Esto se debe, según Gloria Fernández, a que "nuestra percepción del tiempo se torna más frenética y escurridiza” y, además, hay muchas personas "que entran en pánico cuando ven el supermercado lleno de turrón”, lo que se traduce en un "sentimiento de verdadera y profunda tristeza".

Los únicos que se libran de esas sensaciones son los niños, aunque precisa que a "veces las interiorizan" porque las ven en los adultos, en los que en ocasiones puede delatar un malestar arraigado detrás de ese vacío que les crea la llegada de la Navidad.

"Lo primero que viene a la mente tiene que ver con los que ya no están" y es un momento del año donde "la pérdida de un ser querido se hace más patente, donde un proceso de duelo se tambalea, y puede devolvernos a un punto de partida de dolor intenso, ya que todo nos trae buenos recuerdos", ha explicado.

Por ello, "tristeza, enfado y vacío pueden enredarse en nosotros como las luces de adorno del árbol en esos días de supuesta felicidad y armonía", ha señalado la psicóloga.

También está relacionado con el hecho de que se han diluido a lo largo de los años las ideas asociadas a la Navidad, ya que hace tiempo se concebía como una época en la que se intentaba tener lo mejor y estar en familia, pero ahora "se convierte en una obsesión" porque "tenemos de todo durante todo el año y al final no disfrutamos igual", lo que genera frustración.

Otro de los problemas que aflora son las expectativas que tenemos de lo que tiene que ser la Navidad basadas en un "postureo, constantemente sin disfrutar del momento o quizás la frustración ya que no hay dinero que gastar, ni pareja ni apariencia o casa perfecta".

"Y es ahí donde vuelven las ausencias y los vacíos existenciales”, ha apuntado Fernández, quien ha considerado que sería "el momento de hacer balance e introspección", pero sin tener una visión "distorsionada al poner el acento en todos los propósitos no cumplidos, que dispara un horrible discurso interno en bucle repetitivo".

En este sentido, la terapeuta propone analizar los motivos por los que se generan esas sensaciones negativas en Navidad por si responden a algo pasajero o, si por el contrario, "creará un malestar que terminará arraigando y yendo con nosotros el resto del año, y la Navidad pasará, pero nuestros problemas no".

Y para que no se atraganten las uvas, aconseja huir de una lectura negativa de la Navidad porque "es lo que tu hagas de ellas" y recordar a las personas que ya no están con nosotros desde las enseñanzas y las experiencias compartidas.

Además, recomienda ser "benevolentes" con nosotros mismos y no "ponernos objetivos imposibles sino pequeñas metas realistas".