EFEMálaga

Lejos de las funciones que se le atribuyen actualmente, los notarios han tenido a lo largo de la historia responsabilidades mucho más íntimas, como asistir a un parto para evitar una suplantación del recién nacido o exigir la virginidad de una mujer para cumplir un compromiso de matrimonio.

"Me gusta esa visión de la microhistoria. El escribano de entonces y el notario de ahora están en contacto directo con el ciudadano, que viene a la notaría y se descubre ante ti, te cuenta sus cuitas y sus padecimientos y eres un confesor privilegiado", afirma a EFE Plácido Barrios, comisario de una exposición instalada en Málaga con motivo del duodécimo Congreso Notarial Español, que se celebra en esta ciudad.

Entre los documentos que se pueden contemplar figura una carta de parto de 1490 después de que el escribano asistiera al alumbramiento y levantara las faldas hasta la camisa tanto de la parturienta como de las dos comadronas para comprobar que no escondían ningún bebé que hicieran pasar por el recién nacido.

Alzó "las faldas fasta la camisa por veyer si con engayo trayrían alguna criatura", relató ese escribano de Zaragoza en el castellano de la época.

No contento con ello, a continuación describía al varón alumbrado en un lenguaje meridianamente claro que no admitía dudas: "Con su miembro y companyones, alias vulgarment clamados pixa y cogones".

Otro documento expuesto, en este caso de 1487, es una carta de matrimonio en la que Gracián de Soria manifiesta que quiere contraer matrimonio con Elvira de Eniego, "pero si Elvira no fuera moza virgen, no estará obligado a tomarla por esposa".

"Todo hay que ponerlo en su momento histórico, y el concepto de doncella era algo muy valorado, sobre todo de cara al matrimonio", apunta el comisario, que sin embargo precisa que el escribano no estaba obligado a comprobar personalmente la virginidad de la mujer.

No obstante, Barrios descubrió otro documento, no incluido en la exposición, en el que "el abuelo de una niña que había perdido el himen con 7 u 8 años pedía al notario que levantara acta de que, jugando con unas amigas, su nieta se cayó y la pérdida había sido accidental".

También entre las funciones históricas del notario estaba dar fe de la limpieza de sangre, algo que el comisario tiene documentado incluso "hasta el siglo XIX".

"En contraposición a los cristianos nuevos que eran los moriscos reconvertidos, un escribano manifiesta que es cristiano viejo tanto él como sus padres y abuelos, y ninguno de ellos es de mala raza de moros, judíos o penitenciados por la Inquisición", explica Barrios.

Son unos términos que en nuestros días "chirrían, como no puede ser de otra manera, pero entonces eran una fórmula común" porque quienes no cumplían esos requisitos "tenían un baldón que no les permitía acceder a oficios como la escribanía".

En Málaga se expone además un padrón de Baza (Granada) en 1516 en el que figuran, en árabe y en castellano, los nombres de los moriscos que debían satisfacer el impuesto de la farda, destinado entre otros fines a sufragar la defensa de la costa con torres vigías para prevenir los ataques de los berberiscos.

"Los berberiscos pagaban tres veces más de lo que pagaba un cristiano viejo, en una discriminación exagerada, y ese agravio motivó muy seguramente la rebelión de las Alpujarras", explica el comisario.

Ya en un terreno más histórico, en la exposición se puede ver un facsímil del testamento de Isabel la Católica, que se escribió 45 días antes de morir, y en la que entre otros aspectos se establecieron 20.000 misas por su alma, "una cifra que no es excesiva, porque Felipe IV o Carlos II hablaron de 100.000".

Seguramente, esas misas de Isabel se cumplieron, pero no siempre ocurría con los particulares, porque Plácido Barrios conoció un testamento en Málaga en el que se establecían 4.000 misas y el hijo del fallecido "dijo que nanay de la China".

"El hijo dijo que no las pagaba, porque las misas eran caras, y costaban un real o real y medio si eran rezadas, y si eran cantadas, más".

"Defiendo una visión de la historia en la que el notario no está solo para los personajes históricos de relumbrón como Isabel la Católica, sino también para las personas de a pie que las pasan canutas", resalta el comisario.

José Luis Picón