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Lucir o no un tatuaje es una opción que gusta más a unos que a otros, pero en ocasiones, incluso si uno nunca se lo ha planteado, se convierte en una solución para algo que va mucho más allá de optar por decorar o no el cuerpo: es el final, para muchas mujeres definitivo, a un proceso como el cáncer de mama.

"Cada persona es un mundo, yo no cerraba página", explica a Efe Susana Pacheco, diagnosticada a finales de 2011 con esta enfermedad y que hace dos años cerró por fin este capítulo: "Lo necesitaba, era el último escalón, y después de hacerlo fue cuando sentí que todo ya había terminado".