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Uno de cada cuatro andaluces afirma que afrontó la situación de confinamiento por el coronavirus "con bastante o mucha dificultad", según la Encuesta Social sobre los Hábitos y Condiciones de Vida de la Población Andaluza durante el Estado de Alarma, realizada por el Instituto de Estadística.

Así, el 40,5 % de la población afirma que se ha sentido deprimido en algún momento y el 7,1 % señala que estaba en situación de ERTE.

Un 40 % de la población asegura que ha dormido peor, un 9,6 % dice que ha fumado más y un 5,8 % que ha consumido más bebidas alcohólicas.

Sin embargo, un 23 % indica que se ha alimentado mejor durante el confinamiento.

La encuesta señala también que las personas de 65 años o más han realizado actividades relacionadas con el ejercicio en mayor porcentaje que los más jóvenes.

La mitad de las personas mayores de 65 años afirma que lo ha hecho a diario frente al 30,7 % y el 32,7 % en los grupos de edad de 16 a 29 años y 30 a 44 años, respectivamente.

Casi la mitad de la población (49,2 %) ha tenido contacto a diario con los seres queridos a través de medios digitales o telefónicos, sin grandes diferencias entre generaciones.

Por otra parte, las mujeres son las que han asumido principalmente las tareas domésticas y de cuidado de los hijos: el 45,8 % afirma que ha asumido siempre o habitualmente estos cuidados, mientras que entre los hombres el porcentaje es del 7,2 %.

Por ocupaciones, los trabajadores con profesiones menos cualificadas son los que en mayor medida han desarrollado su trabajo en el exterior durante la pandemia: El 96,9 % ha tenido que ejercer su profesión exclusivamente fuera del hogar, frente al 21 % en el caso de las profesiones científico-intelectuales.

En cuanto a los motivos que han permitido a la población de Andalucía mantenerse optimistas durante el confinamiento han sido, fundamentalmente, el tiempo con la familia y los amigos (28,1 %), muchas veces de forma virtual; la sensación de que la situación era temporal (23 %) y mantenerse activo con actividades de entretenimiento (13,1 %).

El 22,2 % de las personas encuestadas que viven en hogares con menos ingresos (menos de 901 euros al mes) percibe que es muy/bastante probable que tengan crisis de abastecimiento (luz, agua, telefonía, alimentos, medicamentos), porcentaje que es del 13,9 % en el resto de la población.

El periodo de confinamiento convirtió las características espaciales del hogar en un elemento importante para comprender las desigualdades habitacionales que se dan en la población.

Por ejemplo, comparando los metros cuadrados de la vivienda y el número de miembros que habitan en la misma, se observa cómo existe un 17,9 % de hogares de 4 miembros en viviendas de menos de 75 metros cuadrados, encontrando en el lado opuesto un 18,1 % de hogares de dos miembros en viviendas de más de 120.

También el factor territorial permite introducir algunos elementos que permiten ver la complejidad del fenómeno, ya que en los entornos rurales presentan soluciones habitacionales más adecuadas a una situación como la vivida, al disponer muchas de esas viviendas de jardín o patio.

En relación al tiempo libre, han aparecido actividades que en la situación previa al confinamiento eran marginales en la cotidianidad doméstica, y que durante este periodo se han convertido en elementos centrales a la hora de gestionar el confinamiento.

Entre los mayores hay un porcentaje elevado de actividades relacionadas con el ejercicio diario y con el ocio pasivo viendo la televisión, películas y series, además de las redes sociales.

Atendiendo al nivel de estudios de la población, entre las personas con estudios universitarios las videollamadas y llamadas así como la lectura y el estudio han tenido más presencia diaria que en el resto de grupos.

La encuesta indica también que, a pesar de que el tiempo de presencia en casa ha aumentado para muchas personas, se ha mantenido la distribución de roles tradicionales, lo cual se identifica en respuestas tanto de las mujeres como de los hombres.

Se ha observado además una mayor intensidad de desplazamientos fuera del hogar entre los hombres, tanto para ir al trabajo como para salir a comprar comida.

Entre las asalariadas, el porcentaje de teletrabajo se sitúa en el 34,9 %, mientras que entre los hombres ha trabajado exclusivamente en casa el 21,6 %.

Las personas que se declaran en situación de ERTE alcanzan el 7,1 % de la población, lo que supone el 20 % de los asalariados y, en términos relativos, esta situación ha afectado en mayor medida a trabajadores con niveles medios de educación formal, que a aquellos que tienen menos o más estudios.

Respecto a la salud general, la gran mayoría opina que su estado de salud es igual que antes del confinamiento, aunque hay un porcentaje relevante de personas que percibe que ha empeorado.

Por ejemplo, entre las personas de menos de 65 años, el 8,3 % afirma que tenía una salud buena antes del confinamiento y sienten que ha pasado a ser regular o mala durante el estado de alarma, y entre los mayores de 65 años el porcentaje se eleva al 12,9 %.

En cuanto a la salud mental, las mujeres sienten que ha empeorado (21,4 %) frente a un 13,1 % en el caso de los hombres.