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La luna iluminando las cubiertas de la catedral de Sevilla, su estructura a los pies de los visitantes de noche o su patrimonio visto con iluminación artificial son algunos de los atractivos de las visitas nocturnas que, desde mañana, ofrecen desde otra perspectiva el mayor templo gótico de la cristiandad, y emblema del turismo religioso de la ciudad.

Todo gracias a que el templo abre este miércoles por primera vez sus visitas con horario nocturno, algo que 20 afortunados serán los primeros en disfrutar en el primer grupo que ha comprado las entradas para esta innovación turística, madurada para contribuir a la llegada de turistas de nuevo a la ciudad.

Esas personas serán las primeras que podrán contar que han visto con una imagen diferente a todas las anteriores el templo que corona la Avenida de la Constitución sevillana, gracias a una idea que complementa las visitas diurnas, que también se retoman con la llegada del mes de julio, y van a dar una visión nueva a los turistas, siempre teniendo en cuenta las medidas de seguridad y separación que la desescalada del coronavirus exige.

Para sacar adelante la idea, el Cabildo de la catedral ha trabajado durante todo el estado de alarma, y después de comprobar cómo podría funcionar, finalmente se ha planteado la idea, ha sacado las entradas a la venta a través de internet, y ha abierto la iniciativa, con las impresionantes cubiertas como reclamo nocturno para que el templo tenga vida durante todo el día.

Para que todo sea un éxito, los guías organizarán a los grupos mediante un recorrido ordenado, explicando cómo ha pasado, durante casi diez siglos, mudéjar, gótica, renacentista, barroca, académica, neogótica, hasta llegar al estado actual, con sus más de cien metros de Giralda coronando uno de sus laterales.

Las cubiertas de noche son un gran atractivo, por la imagen que se perciba de la ciudad en una noche clara e iluminada, pero no lo es menos el interior, donde es difícil centrarse en un tesoro en concreto, pero con un retablo mayor ante el que es imposible mostrar indiferencia.

El de la catedral de Sevilla está considerado como el más grande de la cristiandad y una de las estructuras de madera policromada más espectaculares de su tiempo, del que la historia cuenta que se realizó en distintas fases durante casi un siglo, a raíz de las manos del escultor flamenco Pieter Dancart, quien pudo conseguir en 1482 un conjunto de casi 30 metros de alto por casi 20 de ancho, con cuatro cuerpos de altura más un banco, en horizontal y siete calles.

Más pequeños en tamaño pero importantes en historia son las tumbas del rey Fernando III de Castilla y Cristóbal Colón, con una inscripción, "Aquí yacen los huesos de Cristóbal Colón, primer almirante y descubridor del Nuevo Mundo R.I.P.A"·, que ahora se podrá ver con los ojos de los visitantes nocturnos.

Con la apertura de estas innovadoras vistas, el Cabildo "se suma a las iniciativas, públicas y privadas, que, considerando a Sevilla, 'ciudad segura y destino inteligente' quiere presentar nuevas iniciativas culturales para contribuir a la recuperación social y económica de nuestra ciudad".

Se trata no solo de dar a la ciudad de nuevo un gran recurso turístico, sino de alzar la voz para que se sepa que la ciudad se ha desperezado tras el letargo del confinamiento, e intenta día a día recuperar todo lo que el virus le ha ido quitando.

Todo lo programado está destinado a recuperar poco a poco para las visitas un templo que en 2019 batió su récord de visitas, con 2.298.702, lo que supuso un crecimiento del 8,2 por ciento respecto del año anterior, 175.000 personas más que en 2018.

Este año, el coronavirus va a hacer que sea imposible que se llegue a esas cifras, pero desde mañana se podrá correr el "riesgo" de sufrir incluso de noche el síndrome de Stendhal, esa curiosa afección que algunas personas experimentan cuando ven en vivo tanta belleza que el cuerpo se descontrola, y para el que los muros de la catedral sevillana son un candidato con todas las letras.