Borja Buche es un estudiante tinerfeño afincado en Madrid y Bejo es uno de los cantantes más particulares del panorama musical español: mismo artista, suma de persona sencilla y personaje extravagante, que ha alcanzado el éxito profesional con fórmulas caseras y siempre entre amigos.

El músico recuerda en una entrevista con Efe que conoció a Don Patricio y a Uge durante sus veraneos en El Hierro, casualidades reiteradas hasta que en 2014 derivaron en un grupo de raperos que se define con su nombre: Locoplaya. Quizá esto explique que Bejo hable en tercera persona del plural.

Se trasladó a Madrid con 18 años para estudiar y allí el trío alcanzó y mantiene un gran éxito, tanto en salas de conciertos como, sobre todo, en redes sociales. Logros que, según el artista, “se pueden conseguir en El Hierro con wifi lento o desde Madrid con 5G”.

Es un tipo alto, moreno y con tupé, y suele vestir en sus vídeos con chanclas, pantalón corto, camisas estampadas y gafas de sol, siempre muy colorido, fresco y desenfadado.

Su logo es un pene. En los videoclips fuma porros, se saca mocos de la nariz, chicles de la boca y botellas de cerveza de detrás de la cabeza; crea efectos para tener tres pares de ojos o cabeza de pájaro, y mediante planos cortos y un montaje acelerado forma una imagen global llena de divertidos detalles.

‘Mucho capricho, mucho cuchi cuchi, yo muy chamberga, pero tú mucho Gucci’ y ‘Hay mucho papi chulo pero poca bitchy, mucho pero poco capicci, muchos inventan mucho como da vinci’ (Mucho, 2016).

O “Tengo más tablas que Leroy Merlin, tengo los calcetines de Piolín, lo tengo so fresh en el tetrabrick” y “En la frutería compro mango, en la cocina la sartén por el mango” (Mango, 2018), son ejemplos de letras disparatadas que con pericia y ritmos pegadizos cobran sentido.

Esa especie de personaje público (Bejo), mezcla de música, letra y actitud, está “en armonía” con su persona (Borja) y suponen dos formas de llegar a la gente porque, añade el rapero, sus amigos lo conocen de forma distinta a quien tan solo ve sus vídeos o acude a sus conciertos.

Bejo niega que su imagen sea en sí misma un producto porque, entre otros aspectos, depende de la forma en que cada uno quiera comunicar su música y de la visibilidad que tenga, y de si quiere o no recrear una figura pública con sus mismos valores.

“No me levanto por las mañanas pensando en un plan de interpretación. Uno tiene su intimidad. Pero depende de la música que hagas: hay una más de cantautor, más profunda y de sentimientos, y otra más de fiesta, en las que el personaje que le acompaña muchas veces va en sintonía con ella”, explica.

Trata de ignorar las etiquetas que los medios puedan colgar a su música, como el trap, una “nueva ola” de sonidos posterior al rap, su auténtico origen, y de la que no se considera miembro.

“No pensamos mucho en si la base es reggaetón o rap, o si hace ‘tun tun cas’ en vez de ‘tun cas tun cas’. Al final, todo se reduce a lo que uno quiera decir, a los ritmos y letras, y a una música acompañante que nos favorezca”, explica Borja Buche.

Vídeos y ritmos que elabora de forma “muy casera”, aprendiendo conforme experimenta y valiéndose de sus conocimientos audiovisuales y de sus gustos e intuiciones sin perder su libertad creativa.

Incluye muchos canarismos y dichos de las islas porque, para Bejo, son una forma de recalcar su origen desde que estudia en Madrid, le resultan bonitos e, incluso, le recuerdan a sus abuelos.

El artista cree que ese personal modo de trabajo, en el que él mismo crea, diseña, escribe, graba y edita, no se lo ha impuesto la precariedad del mercado; al contrario: “debemos mantener nuestro proceso de creación porque es lo que nos ha traído hasta aquí”.

Hace unos años sus primeros sencillos alcanzaban a un público cercano a su estilo, reconoce, pero ahora han alcanzado un nivel de popularidad enorme a través de redes sociales o de plataformas como YouTube; ya han cantado frente a 20.000 personas y ya conviven con esa rutina de parones en la calle y fotos con seguidores. “Hay que saber llevarlo”, confiesa.

Por ejemplo, el tema “Contando lunares”, de su compañero y amigo Don Patricio, ha rebasado 70 millones de reproducciones en YouTube, ha liderado las listas de canciones más populares y se ha convertido en un fenómeno cultural masivo para todo tipo de públicos.

“Esa canción la escribió Patricio porque quiso, en su casa y con su micrófono, y la mezcló él. Y esta proyección de ahora no quita eso: la ilusión y el cariño. Para mí es una suerte dedicar todo mi tiempo a lo que antes solo hacía en mi tiempo libre”, apunta Bejo.

Un cariño que también muestra en sus conciertos más pequeños, cuando baja del escenario para cantar entre la gente o les lanza mangos, papayas y caramelos: “habrá que buscar un cañón para llegar más atrás en el público”. ¿Bromea? EFE