EFEElizabeth López A Coruña

La moda de mediados del siglo XIX a mediados del XX era "muy favorecedora" y los trajes de paseo eran "los pantalones vaqueros de la época", pero no resultaba tan cómoda y por eso pasar de las medias a los pantis "fue una liberación para la mujer", asegura a Efe la dama coruñesa Ana González-Moro.

Esta residente en Tenerife, que aunque se siente gallega nació en Burgos, heredó de su abuela y recibió de sus amistades innumerables vestidos y complementos, y algunos de ellos, alrededor de 300, forman parte de la exposición Vestir épocas 1860-1960 del Museo de Bellas Artes de A Coruña.

Se trata de la primera muestra de moda del museo y se encuentra ya en el ecuador de su permanencia en este espacio con gran acogida por el público, mayoritariamente de la ciudad debido a la restricciones por la pandemia del covid-19.

La selección de estos vestidos, que forman parte de una colección de un millar de trajes y complementos, trata de poner en relieve el valor de la costura dentro del arte y refleja las formas y gusto del vestir en Galicia en las distintas épocas que abarca el legado.

Comisariada por el arquitecto Fernando Agrasar Quiroga y el especialista en moda Román Padín Otero y patrocinada por la Xunta, la exposición se divide en nueve secciones en las que se pueden ver piezas de pedrería, ropa interior, trajes de bautismo y comunión, vestidos de novia y trajes de etiqueta para caballeros, sombreros y complementos, ropa de luto, capas de viaje y trajes de paseo, ropa de día y de noche y ropa de servicio.

En todas ellas se presentan piezas de una extraordinaria belleza y prodigio técnico que reflejan la moda urbana, local y cosmopolita del momento, una de ellas es el traje de novia con el que se casó en 1907 la abuela materna de González-Moro, que reside en Tenerife, al que tiene "más cariño", sostiene en una entrevista con Efe. Con ese vestido, de encaje irlandés, se casaron tres mujeres de esta saga familiar.

Pese a los "disparates" que las cuatro hermanas González-Moro llegaron a hacer para conservar los vestidos, a algunos les lavaron los encajes con lejía para que volvieran a ser blancos, esta magnífica colección se conserva en perfecto estado gracias a los cuidados que ha recibido. "No hemos perdido nada", subraya Ana.

"Todo era distinto antes", recuerda esta octogenaria sobre la moda de aquella época, en la que los trajes de paseo que conserva de su abuela, uno rosa y otro azul se pueden ver en la exposición, "eran los pantalones vaqueros de la época, de algodón", en contraposición con los de fiesta, como uno blanco que figura también en la muestra, que ya eran para acudir a algún evento.

Al margen del "problema" que suponían los lutos, muy rigurosos y prolongados, su abuela materna, que era una mujer "muy guapa y presumida", guardó muchos de sus vestidos y algunos se ven muy poco puestos debido a esta circunstancia y a los embarazos. En el caso de la abuela paterna, su aspecto era "muy serio" y menos colorista.

Ana guarda en su casa cajas y baúles con más de mil piezas de esta colección de moda, que incluye también colchas, manteles y sábanas preciosas que no han sido expuestas, así como gorros de dormir, que en realidad eran para estar en casa al levantarse.

A su abuela, que vivió en A Coruña pero después viajó con su esposo, que era marino, a Inglaterra, Cádiz o Madrid, le confeccionaban la ropa "al gusto de ella" pero también se conservan vestidos con las etiquetas de París.

"En A Coruña, como es puerto de mar, creo que tenían que estar muy al tanto de las modas -añade-. Veo que toda la ropa que hay de la familia y de las amigas gallegas tienen etiquetas, unas son de Madrid y otras de París, y sombreros y zapatos de Inglaterra".

Ana González-Moro, que visita A Coruña en verano, cree que "Galicia ha estado muy avanzada en todo, como lo está ahora" y "me la da la impresión de que la gente siempre va muy elegante".

"Cuando era joven, había en A Coruña una cantidad de modistas fantásticas y la gente iba muy bien vestida", recuerda sobre la moda de una época "muy favorecedora, bonita, pero incómoda".

La ropa interior era "un horror", llevaban corsés, cinturillas, pololos, enaguas, un polisón, "aquello era tremendo", sostiene González-Moro, que asegura que "hoy en día la gente no lo sabe, pero los pantis fueron una liberación para la mujer".

"Usábamos medias que había que sujetar con ligas apretadas en los muslos que te producían varices, eran de lo más insano", dice, y como ejemplo la exposición muestra un liguero blanco de raso, de una señora que hoy tiene 96 años, "muy seria". "Era como una liberación y ahora es una cosa erótica".

Una falda de terciopelo con unas flores pintadas, otro vestido de boda con una cola que nace en los hombros o un vestido de fiesta de color burdeos con una especie de delantal antiguo son algunas de las fabulosas piezas de esta exposición que, algún día, podrían dar vida a un museo. EFE