Dos trabajadores de Tragsa hallaron el 14 de enero de 2020 una vasija de cerámica prácticamente entera en la Caldera de Taburiente, en lo que según el Cabildo de La Palma supone el primer caso en los últimos 30 años en que se descubre una pieza benahoarita de esta magnitud y calidad.

Los descubridores, los hermanos Valentín y Santiago Rodríguez Capote, hallaron la vasija cuando efectuaban sus labores de rastrear y eliminar las matas de rabo de gato dentro de los límites del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, informa el Cabildo de La Palma en un comunicado.

Ambos también descubrieron hace algunos meses una muela superior de un molino de mano de basalto poroso en las laderas del Barranco de Bombas de Agua.

Tras el descubrimiento de la vasija se pusieron en contacto con personal del Parque Nacional que, a su vez, lo comunicaron a la Consejería de Cultura y Patrimonio Cultural.

La consejera del área, Jovita Monterrey, expresa su reconocimiento a la labor desempeñada por estas dos personas, que han permitido recuperar una pieza arqueológica de gran interés para la ciencia.

“La forma de actuar de Valentín y Santiago es un modelo y un ejemplo a seguir por todos aquellos que descubran objetos aborígenes. Lo ideal es que no se toque absolutamente nada del yacimiento y que el hallazgo se ponga en conocimiento con las instituciones públicas para que un especialista en la materia proceda a la recuperación y el estudio de los vestigios”, precisa.

Jorge Pais, director del Museo Arqueológico Benahoarita, puntualiza que la cerámica se rescató y depositó apenas tres días después del hallazgo en este centro museístico, donde se procederá a su limpieza, restauración y estudio.

La vasija, según Jorge Pais, está en buen estado de conservación, si bien le falta todo el borde.

Carece de decoración, tiene una forma semiesférica y es bastante antigua.

Estaba depositada boca abajo y en su fondo aparecen unas costras que intentarán analizar para conocer su contenido.

El pasado sábado, Jorge Pais, acompañado por la paleoantropóloga Nuria Álvarez Rodríguez y el agente forestal José Heriberto Lorenzo Pérez, realizaron una prospección intensiva en la zona, si bien no pudieron localizar nuevos materiales.

Por todo ello, la presencia de la vasija en el fondo de esta estrecha covacha puede obedecer a la existencia de un escondrijo en el que los aborígenes escondían estos objetos hasta que volvían a ser necesarios durante las tareas de pastoreo.

También podría ser que se tratase de un recipiente para recoger agua de los goteos del techo, si bien los especialistas se inclinan a pensar que podría tratarse de una especie de ofrenda ritual. EFE