EFELas Palmas de Gran Canaria

Convertirse en voz de marginados e indefensos reclamando igualdad frente a las estructuras sociales que los discriminan es una meta que al fin ha alcanzado, pasadas dos décadas de su muerte, Natalia Sosa Ayala, poetisa canaria que a duras penas logró publicar en vida y falleció arrinconada, en gran medida, por su condición de mujer y lesbiana, al entender de nuevas narradoras isleñas.

El Teatro Guiniguada ha reunido este miércoles a escritoras y estudiosas o docentes del lenguaje y la literatura para hablar ante estudiantes de Bachillerato de esa autora a la que se dedica en 2021 el Día de las Letras Canarias, que han recalcado la necesidad de que "se visibilice" su obra.

El legado literario de Natalia Sosa Ayala (1938-2000) es una poética integrada por varios volúmenes que, incluso, "es importante que se reedite", como se ha empezado a hacer al hilo de su protagonismo en esa conmemoración de la escritura del archipiélago, a fin de acercarla a un público para el que es mayoritariamente desconocida, según ha dicho la autora y periodista Aida Rossi

Rossi ha admitido su relativamente reciente descubrimiento de Natalia Sosa Ayala, como todas las personas participantes en el encuentro.

Hasta el punto de que, por ejemplo, "su nombre le sonaba superextraño" solo unos meses atrás a una filóloga, docente y compositora isleña como Paula Vega, que ha confesado una ignorancia que, no obstante, ha enmendado ya, llegando a convertirse ahora en "máxima fan" de la homenajeada.

También Yeray Barroso, el único contertulio masculino presente en una cita que ha tenido por escenario el Teatro Guiniguada de la ciudad natal de Natalia Sosa Ayala, Las Palmas de Gran Canaria, ha reconocido que "llegó tarde" a saber de esa escritora, "como llegamos tarde -ha sostenido- a lo que está fuera del canon" oficial que solo proyecta una realidad incompleta del mundo creativo.

Frente a esos límites que excluyen a muchas escritoras "no porque no tengan calidad", sino por razones ajenas a la literatura, "tenemos que reivindicarla, disfrutarla y, sobre todo, difundirla", ha afirmado Barroso.

En la misma línea, Arima León, estudiosa de la poetisa, ha relatado cómo se enteró de la existencia de su obra por casualidad, hablando descuidadamente con una compañera mientras proyectaba hacer una tesis sin saber sobre qué o quién, y cómo quedó perpleja cuando, al buscar alguna de sus obras en una biblioteca de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, se topó con que la única que halló era un ejemplar donado por la familia de la autora y no comprado por el centro.

Transformada ahora en entusiasta seguidora de Natalia Sosa Ayala, ha insistido en sus alabanzas a que el Día de las Letras Canarias ayude a sacarla de un olvido al que fue relegada, entre otras cosas, porque "era un ente, en parte, incómodo, porque estaba cuestionando siempre", desde los designios divinos a la "hipocresía" social a la que dedicó unas de sus rimas.

Y es que, crecida bajo la dictadura franquista y siendo mujer y lesbiana, según ha señalado Paula Vega, "tenía todo en contra, el momento en que le tocó vivir y su identidad".

Todos esos factores impidieron largo tiempo un encuentro con los lectores que se espera logre ahora su producción literaria, tanto como emblema de las escritoras canarias que permanecen ignoradas o colocadas en un segundo plano por no ser hombres como por el mensaje de defensa de la libertad y la igualdad de sus creaciones, algunas de las cuales tienen un pionero sentido "animalista o hasta ecologista", según Arima León.

Reflejo de ello -ha apuntado- es uno de sus versos: "eran mis amigos los perros vagabundos". EFE

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