EFEGema González Santa Cruz de Tenerife

Escuchar es un arte, asegura el escultor tinerfeño Román Hernández. Un arte, mantiene, que va más allá de las palabras, que nos obliga a bajar el ruido de nuestros propios pensamientos y que, muchas veces, necesita de silencios.

Bajo el título ‘Modos de escucha’, los creadores Román Hernández y Paco Rossique han inaugurado una exposición en la que reflexionan sobre la importancia de saber escuchar, no solo a los demás, sino también a nosotros mismos.

La muestra consta de 51 piezas artísticas, elaboradas con técnicas y materiales muy variados, que van desde la resina acrílica hasta el neón, y en donde la neutralidad cromática de Hernández choca con el sonido de los colores de Rossique.

En una entrevista a Efe, el escultor tinerfeño explica que la comunión con Rossique fue fruto de la casualidad. Ambos se encontraban trabajando en el mismo tema y decidieron confluir juntos en una única exposición.

La muestra, que permanecerá abierta hasta el 16 octubre, ha sido la encargada, además, de inaugurar la temporada 2021-2022 del Espacio Cultural Desván Blanco, un espacio “alternativo” a las galerías de arte y sin ánimo de lucro que dirige el propio Hernández.

Como toda obra de arte, la exposición no aspira a ser exacta y cede al espectador la responsabilidad de realizar sus propias interpretaciones.

“La gente muchas veces vive y funciona según sus convicciones, pero también hay que pararse, escuchar y aprender de los demás”, apunta el escultor, doctor en Bellas Artes y Profesor Titular del Departamento de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna.

‘El silencio que habité’, ‘Entre el silencio y la palabra elige la escucha’, ‘Hazte a la escucha para que haya silencio’, ‘Mi silencio por respuesta’ o ‘Tú sí que escuchas’, son algunas de las frases que coronan las esculturas de Román Hernández, en las que el blanco, “el color de la pausa, el silencio y la muerte”, se alza como protagonista indiscutible.

En el caso de Rossique, sus piezas, más vinculadas a las artes plásticas, viajan a través de los colores (amarillos, naranjas, blancos, rojos, negros o verdes) para generar ecos y recrear el ritmo y la viveza de los sonidos.

‘El piano preparado que Cage olvidó’, ‘Escuchar con la parte posterior de sí mismo’, ‘En el espejo tenaz’, ‘Estampado a mano’, ‘Más ligero que la sombra’ o ‘Precursor del golpe’, son algunos de los títulos elegidos por Rossique, nacido en Tetuán en 1955.

De esta manera, tempo y pausa, silencio y sonoridad, se funden satisfactoriamente en un equilibrio de formas y materiales, de técnicas y pensamientos, explica Hernández.

Preguntado por el periodo de creación, el escultor asegura que lleva trabajando en esta muestra desde finales de 2019, y que ha conseguido moldear y reproducir las orejas de 118 personas.

Sobre cada una de ellas cuelga una etiqueta con el nombre, el lugar de nacimiento y el año de cada modelo. Todos ellos voluntarios, aunque procedentes de territorios tan dispares como España, Italia, Japón, Bielorrusia, Rusia o Alemania.

Román también se detiene en Hinnení Vacuum (Heme aquí vacío), una obra que juega con la palabra hebrea Hinnení, “que es la muletilla que utilizaba Abraham cuando Dios se dirigía a él”, y el vocablo ruso Vacuum (vacío), para arropar a una lata de aluminio, un “desecho humano” despojado de toda forma, magullado por el tiempo y, sobre todo, vacío.

Tras el revuelo que generaron las “misteriosas” cabezas halladas en la playa de Las Teresitas hace apenas dos semanas, el escultor espera que la gente relacione su nombre y se anime a visitar esta exposición llena de contrastes, y que nos recuerda que escuchar y oír nunca fueron lo mismo. EFE

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