EFELas Palmas de Gran Canaria

El guirre (o alimoche canario), una de las rapaces más amenazas de Europa, ha triplicado su población en las últimas dos décadas, en una recuperación en la que los biólogos consideran decisivo el resultado de las medidas que se tomaron para protegerlo con ayuda del programa europeo Life.

La Estación Biológica de Doñana (CSIC) y las universidades de Amsterdam, Baleares, Lund (Suecia) y Las Palmas de Gran Canaria publican en la revista "Journal of Applied Ecology" los resultados de las medidas implementadas por el programa Life entre 2004 y 2008 para proteger a esta ave, una de las más emblemáticas de las islas.

El estudio recuerda que, en Fuerteventura y Lanzarote, los dos últimos reductos de esta variedad de alimoche, solo estaban censadas 21 parejas reproductoras en 1998. Dos décadas después, son ya 67.

"Son resultados esperanzadores para esta ave, que hasta hace poco tenía unas perspectivas de futuro más bien pesimistas", explica el primer firmante del artículo Jaume Adriá Badia, investigador adscrito a universidades de Baleares y Lund y la Estación de Doñana.

Los autores del trabajo recuerdan que el guirre "pasó de ser abundante en buena parte del archipiélago canario a mediados del siglo XX a quedar restringido en una sola población repartida entre Fuerteventura y Lanzarote en 1998", lo que llevó a articular medidas de protección, apoyadas a partir de 2004 por la Unión Europea.

El programa Life centrado en el guirre se centró en contrarrestar sus dos principales causas de mortalidad: los accidentes con líneas eléctricas y la ingestión de carroña envenenada.

Para ello, se tomaron medidas de corrección sobre los tendidos eléctricos para hacerlos más seguros para las aves y se emprendieron campañas de concienciación social para reducir el uso de venenos.

Desde entonces, indican los resultados de este trabajo, apenas se han producido muertes por la colisión y enganche en líneas eléctricas (se ha pasado de dos casos entre 1998 y 2006 a ninguno entre 2007 y 2017) y la mortalidad por envenenamientos ha disminuido de forma drástica (ha caído de 21 casos a solo tres).

"Este estudio evidencia que la educación ambiental y la concienciación de la población pueden ser vitales para combatir la actual crisis de la biodiversidad. Además, Las medidas de conservación se han traducido en un aumento de la supervivencia, sobre todo de la fracción adulta de la población, que es precisamente el parámetro más determinante a la hora de garantizar la viabilidad de estas poblaciones", añade otra de las autoras Ana Sanz Aguilar, investigadora del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Universidad de las Islas Baleares-CSIC).

Una de las novedades de este estudio ha sido el empleo de un método estadístico que incluye parámetros que habitualmente no se tienen en cuenta, como la pérdida de anillas.

"Llevamos más de 20 años realizando un seguimiento intensivo y exhaustivo de esta población en Fuerteventura. La recogida de datos detallados de seguimiento individual a largo plazo nos ha permitido aplicar análisis estadísticos más complejos, que a su vez han generado resultados que permiten entender mejor la ecología y demografía de esta y otras especies longevas", comenta el director del proyecto de seguimiento del guirre, José Antonio Donázar, de la Estación Biológica de Doñana (CSIC).

El trabajo, además, destaca la importancia de llevar a cabo seguimientos de largo plazo sobre las medidas de conservación.

En la actualidad, debido a su coste, estos seguimientos son difíciles de mantener. "Sin embargo, en este caso, una campaña de monitoreo de más de 20 años nos ha permitido evaluar la eficiencia de un proyecto Life más allá de sus cuatro años de implementación. Tales seguimientos y evaluaciones, si se hicieran con regularidad, nos permitirían entender qué medidas de conservación tienen buenos resultados y cuáles no", añade Sanz Aguilar. EFE

jmr