EFELas Palmas de Gran Canaria

La Fundación Mapfre Guanarteme ha reunido en Las Palmas de Gran Canaria a los protagonistas de la travesía del Atlántico en carabela realizada en 1992 para conmemorar el descubrimiento de América por Cristóbal Colón, que narra el libro "Etayo y Larramendi. 500 años después, la gesta de la carabela Niña III", de Alejandro de la Vega.

Este libro, prologado por el presidente de honor de la Fundación Mapfre Guanarteme, Julio Caubín, relata el desafió que completó que hace tres décadas un grupo de jóvenes bajo el mando del capitán Carlos Etayo a bordo de una réplica exacta de La Niña de Colón.

El libro y sus protagonistas fueron parte de una historia con motivo del quinto Centenario del Descubrimiento de América y es otro centenario lo que les reúne: los cien años del nacimiento de Ignacio Larramendi, patrono de la aventura.

El objetivo del viaje fue construir, lo más fielmente posible, una de las embarcaciones que utilizó Cristóbal Colón en su primera travesía del Atlántico, reproduciendo las características y condiciones de aquel viaje de 1492.

La Niña III partió del puerto de Bayona (España) con destino a Huelva el día 25 de julio y recaló a continuación a Las Palmas de Gran Canaria, desde donde navegó hasta La Gomera.

Desde esta última isla, emprendió ya la navegación hasta la ciudad de Santo Domingo, en la República Dominicana, arribando el 7 de noviembre en 39 días de travesía y con una tripulación compuesta por 11 jóvenes.

Este libro relata una expedición que no habría sido posible sin la intervención de Ignacio Larramendi, que, como expresa Julio Caubín en el prólogo, fue "fundamental" no solo en el patrocinio, sino también "en organización, gestión y resolución de conflictos durante los preparativos y el desarrollo de esta aventura".

El presidente de la Fundación Mapfre Guanarteme, Ignacio Baeza, ha señalado que este libro narra una peripecia que emula "uno de los hechos más importantes de la historia de España". Sus dos protagonistas principales, ha remarcado, "se unieron para un proyecto de éxito", el de replicar el viaje colombino 500 años después, y llevar a la Niña III "navegando en las mismas fechas y condiciones", en "la única conmemoración naval desde el Descubrimiento".

El presidente de la Fundación Ignacio Larramendi, Luis Hernando de Larramendi, ha explicado lo que su padre impulsó y financió para "poner en valor los actos que sirvieron de estímulo y ejemplo a generaciones futuras", como esta "gesta quijotesca" del año 1992.

A día de hoy, "parece imposible" una "hazaña como aquella", que se hizo "con el espíritu civilizador y evangelizador" que compartían Ignacio Larramendi y el capitán Etayo.

Como ha señalado, "se consiguió algo que no se ha vuelto a lograr" y que fue posible "por la fe y determinación". Esta aventura "irrepetible", ha dicho, "no hubiese sido posible sin la fe de Etayo en sí mismo y sin el apoyo de recursos económicos, de medios y de influencia de Ignacio Larramendi".

El escritor de "Etayo y Larramendi. 500 años después, la gesta de la carabela Niña III", Alejandro de la Vega, ha destacado que fue un trabajo "por un lado arduo y a la vez muy bonito" con “mucha documentación y muchos protagonistas” en una misma historia.

Ha sido "un trabajo de investigación y de tirar de un hilo, recopilando información para hacer un repaso al periplo marino sino cómo se gestó esta historia, sus protagonistas y las dos partes importantes de esta epopeya, el capitán Etayo e Ignacio Larramendi".

El "cómo se hizo" está "lleno de anécdotas" para conseguir los certificados de navegabilidad y seguridad para que "un barco construido fiel a los estándares de 1492 pudiese navegar” y lograr que la carabela completase el viaje entre “historias hilarantes y divertidas en cada uno de los puertos".

El libro reconstruye el viaje con sus aventuras interiores de voluntarios, jóvenes y "llena de vivencias maravillosas" para hacer "una radiografía de esta historia" que le ha llevado en torno a un año y dos meses de trabajo entre documentación, entrevistas y redacción.

El tripulante de la Niña III, y ayudante de cocina en el viaje, José Gabriel de Armas, reconoce que "fue un viaje inolvidable" que con 20 años pudo vivir y por el que se siente "un privilegiado".

Recuerda con cariño al capitán Carlos Etayo, que hizo de la aventura "algo irrepetible e irrenunciable en ese momento" a pesar de las dificultades y las dudas que sintió en zarpar en aquel barco de madera de 17 metros de eslora y cuatro de manga sin avances técnicos de navegación, lo que convirtió el viaje en "algo duro pero encomiable".

Ha asegurado que resumir las aventuras vividas a bordo de la Niña III resulta "imposible", aunque recuerda una travesía de viento, olas "y navegación costosa", así como la convivencia de 39 días de viaje "insólito y muy emocionante en todos los aspectos".

La misma idea ha compartido su compañero de tripulación, Telmo Aldaz de la Cuadra, que ha asegurado que podrían "haber muerto diciendo: ha valido la pena", porque los que completaron aquella travesía "cumplieron un sueño" en "una de las experiencias más bonitas”"que ha vivido, tal y como ha confesado.

Para Aldaz de la Cuadra, experimentaron "el encuentro de dos mundos, con una llegada a un mundo nuevo que ya conocíamos pero que parecía nuevo" en aquel 1992 después de la aventura. EFE

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