La campaña que se ha iniciado para comprar plátano de Canarias y así ayudar a las familias afectadas por la erupción de un volcán en La Palma es "una gozada", pero el dinero que se paga de más no llega a los agricultores, ha dicho a Efe Fran Garlaz, agricultor palmero.

Fran Garlaz tiene una finca de 15.000 metros cuadrados en la playa de Puerto Naos, en el municipio de Los Llanos de Aridane, a la que no puede acceder porque está en la zona evacuada como consecuencia de la erupción volcánica que se inició el pasado 19 de septiembre en el sistema Cumbre Vieja, y hay muchas restricciones para entrar.

Además, aunque pudiese regresar a la vivienda que ocupaban en Puerto Naos, sus hijos tardarían dos horas en llegar al colegio, cuando antes de la erupción el recorrido se hacía en 20 minutos.

Garlaz vive con sus tres hijos en una caravana, si bien ahora un vecino les ha dejado un apartamento y se ha apuntado para que los servicios sociales les faciliten un lugar en el que alojarse, algo que no ha hecho antes porque hay gente con "más necesidad", que ha tenido que quedarse en una vivienda mientras que sus hijos están en otra. "A menos, nosotros estamos juntos", dice.

"Ojalá estos sean los peores tiempos que nos toque vivir", manifiesta este agricultor ecológico, quien insiste en elogiar la campaña para que se compre plátano de Canarias, entre otros motivos porque de ese modo se sienten respaldados los agricultores de las islas.

Fran Garlaz explica que el plátano se paga a 20 céntimos el kilo en el caso de la clase superior, mientras que el resto no se cobra, con lo que, para pagar un café, deben vender seis kilos de plátanos y, para no perder dinero, deberían percibir 50 céntimos por kilogramo, añade.

Por ello, el euro que se paga de más en la campaña no llega a los agricultores, que reciben lo mismo, 20 céntimos por kilo de plátano.

Además, subraya, "la ley europea de la cadena alimentaria dispone que todos los productores deben cobrar por encima de lo que cuesta producir, pero nuestros representantes agrarios dicen que cobremos por debajo, y no entendemos por qué tenemos que pagar por trabajar".

Fran Garlaz comenta que por las fincas no ha visto a los representantes de los plataneros que apoyan esa ley y se pregunta si alguien quiere cobrar por debajo de lo que le cuesta producir, porque, recuerda, eso es inasumible.

Con estos planteamientos entiende que los jóvenes no quieran trabajar en el campo y que en España el 75 por ciento de los agricultores tengan más de 65 años. Insiste en que si se pierde "la nevera, la huerta, estaremos sentenciados" como pueblo.

Fran Garlaz hace hincapié en que como consecuencia del daño que la erupción volcánica ha provocado en La Palma es el momento de que la isla se reconstruya, pero opina que eso no debe hacerse de forma que se envenenen el suelo y el aire, ni tampoco fumigando y produciendo alimentos de bajo poder nutricional.

Apuesta por una agricultura ecológica que produzca fruta de "verdad" en lugar de producir alimentos con bajo poder nutricional, lo que ayuda a que empresas farmacéuticas vendan suplementos vitamínicos, añade.

La finca de Fran Garlaz está de momento a salvo de la lava y "parece poco probable" que se la lleve pero no puede acceder a ella y tampoco se puede regar, debido a que las conducciones de agua están rotas en el valle de Aridane.

Para que se pueda regar se han instalado desalinizadoras, algo que, en palabras de Fran Garlaz, es un "parche", ya que no es la solución definitiva, pues no se aportará ni la mitad del agua que se necesita en la zona y además no será de buena calidad.

Fran Garlaz comenta que el suelo de cultivo en Canarias es necesario que esté "vivo" para producir alimentos nutritivos necesario para tener salud y no depender tanto del exterior.

Critica que en la actualidad de los suelos agrícolas de Canarias están "muertos" y es preciso que tengan microorganismos, hongos, una gran comunidad.

Precisa Fran Garlaz que en el caso de La Palma los suelos permiten trabajar con la biodiversidad una agricultura ecológica muy productiva, con menos necesidades en agua y en productos del exterior.

"Como en realidad cualquier agricultura hecha con el corazón y respetando la naturaleza en cualquier lugar del mundo", concluye Fran Garlaz. EFE