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El Parque Natural de Tamadaba, en el que se han adentrado las llamas del fuego forestal que se originó el sábado en Gran Canaria, es un espacio de 7.500 hectáreas declaradas Reserva de la Biosfera por la Unesco y uno de los territorios de la isla menos alterados por el hombre.

Sus 7.500 hectáreas se extienden de cumbre a costa en el extremo occidental de la isla, dentro de un espacio en el que se pueden encontrar bosques naturales de pino canario autóctono de las cumbres, elevados acantilados sobre su casi inaccesible costa y la rica biodiversidad de sus barrancos, según recoge la web de las Islas Canarias.

Entre los lugares más conocidos de este parque natural creado en 1987 y que abarca los municipios de Agaete, Artenara y La Aldea de San Nicolás, figuran el área recreativa de Llanos de La Mimbre, el pico de La Bandera o el mirador de El Balcón, desde donde se pueden ver acantilados marinos con forma de cola de dragón o la apartada playa de Guayedra con su barranco salpicado de palmeras.

Su mayor singularidad son los barrancos, escarpes y macizos que configuran un paisaje erosivo de contrastes, donde se pueden identificar elementos naturales de notable interés geomorfológico.

En Tamadaba se encuentra uno de los pinares naturales mejor conservados de la isla, que a lo largo de los años ha demostrado su eficacia en la captación hidrológica, como demuestra las presas artificiales que se encuentran en su entorno.

Otros biosistemas propios de este parque son los de barrancos y los cardonales y tabaibales de zonas bajas, además de los hábitats de escarpes.

En los riscos de Guayedra se encuentran varias especies amenazadas, algunas de ellas exclusivas de este lugar.

Además, especies de aves endémicas y amenazadas encuentran en los pinares áreas idóneas de nidificación.

Desde un punto de vista cultural, también destacan algunos caseríos aislados y semiabandonados, y la importancia arqueológica de zonas como El Risco y el valle de Guayedra. EFE

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