EFESanta Cruz de Tenerife

Las intrusiones de polvo del desierto o calima aumentan de manera significativa las concentraciones de contaminantes, según se indica en un estudio realizado en el Centro de Investigación Atmosférica de Izaña, de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

Ese aumento significativo de concentración de partículas contaminantes se produce cuando las intrusiones de polvo se producen en invierno, de diciembre a marzo, cuando son más intensos, y de manera que las PM10 se incrementan en un factor siete y las PM2.5 lo hacen en un factor cinco.

Según se indica en el artículo "Impactos de las intrusiones de polvo del desierto en la calidad del aire en áreas urbanas", publicado en la revista Atmosphere, los aumentos fueron menores durante los episodios de calima de verano, de julio a agosto, con una triplicación de las concentraciones medias diarias de PM10 y PM2.5.

Además, los resultados del estudio mostraron que en el área de estudio, la capital tinerfeña, los episodios de calima redujeron la altura de la capa límite marina (la más baja de la atmósfera en la que habitualmente soplan los vientos alisios) en más de un 45%, en promedio, en verano y en torno a un 25% en invierno.

El estudio ha servido para investigar la influencia de los episodios de calima en la calidad del aire en Santa Cruz de Tenerife y para ello se han utilizado datos en un período de seis años (2012-2017).

Explica el Centro de Investigación de Izaña que las fuentes globales de polvo más activas están en una banda ancha denominada "cinturón de polvo" que se extiende desde la costa oeste del norte de África, a través del Medio Oriente, hasta Asia central.

Santa Cruz de Tenerife está ubicada cerca de esas fuentes de polvo, en la ruta del transporte de polvo de la costa oeste del norte de África, y específicamente del Sahara.

En cuanto a la reducción de la capa límite marina, señala que se corresponde con un aumento de la contaminación antropogénica local durante los episodios de calima.

La contaminación antropogénica es la que produce el hombre y las concentraciones medias de dióxido de nitrógeno (NO2) y óxido de nitrógeno (NO) se duplicaron en esas condiciones de calima, y las de carbono negro u hollín aumentaron en un factor de 3.4 durante los episodios de calima de verano más intensos.

Los aumentos en la contaminación antropogénica local también tuvieron lugar durante los episodios de calima de invierno, pero fueron menores que en verano, se explica en el estudio.

Recuerdan los investigadores que la Comisión Europea ha establecido que para cumplirla legislación en relación a las partículas PM10 y PM2.5 podrán descontarse las superaciones de los valores límite (anual y diario) siempre que se demuestre que dichos valores son sobrepasados por la influencia de aportaciones procedentes de fuentes naturales, como ocurre con el polvo del desierto.

Sin embargo, y desde un punto de salud pública, las intrusiones de polvo del desierto no solo aumentan los niveles de PM10 y PM2.5 que respiran los ciudadanos, sino que también afectan a su salud.

Además, prosiguen los investigadores, esas intrusiones favorecen el establecimiento de unas condiciones de estabilidad atmosférica que hacen que se intensifique la contaminación de origen antrópico local (óxidos de nitrógenos, el monóxido de carbono, el carbón negro y el dióxido de azufre), haciendo que empeore significativamente la calidad del aire en aquellas ciudades afectadas por las intrusiones de polvo del desierto.

Por ello, dicen que las emisiones antopogénicas locales deben reducirse aún más en las áreas afectadas por las intrusiones de polvo del desierto si se quiere lograr los beneficios para la salud que se esperan obtener con las estrategias para reducir las emisiones.

Apuntan que estas conclusiones deben tenerse en cuenta en aquellas áreas geográficas fuertemente afectadas por las intrusiones de polvo del desierto como el Mediterráneo, África del Norte, Oriente Medio y Asia. EFE

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