EFEBelén Rodríguez Santa Cruz de Tenerife

La imagen de una mujer con una camiseta con el lema "Ninguna persona es ilegal" abrazando a un joven negro en el aeropuerto de Gran Canaria se ha hecho viral en redes. Ella es Isabel, de 72 años, y él, Youssouf, de 28. Gracias al empeño de su "madre canaria", este senegalés, que llegó en octubre en patera, ha podido reencontrarse con su tío en Valencia.

Esta jubilada, que acogió a Youssouf durante más de un mes en su casa después de su paso por el muelle de Arguineguín, por un hotel habilitado como albergue humanitario y de deambular por la calle, recuerda en una entrevista con Efe los momentos tensos vividos en el aeropuerto, ante la negativa de los policías a dejarle volar.

Cuando Isabel, que pertenece al equipo de Migraciones de la Diócesis de Canarias, conoció el auto judicial que ordena a la Policía abstenerse de impedir que un inmigrante llegado en patera a las islas tome un vuelo a la península, siempre que porte su pasaporte o una solicitud de asilo, compró de inmediato dos billetes de avión.

Uno para Yossouf, un joven pescador que emigró de Senegal con la intención de poder ofrecerle una vida mejor a sus dos hijos, y otro para que ella, porque sospechaba las dificultades con las que se podrían encontrar y consideró que lo mejor sería acompañarle hasta la puerta del avión.

Tras despedirse de Manolo, el marido de Isabel, de 82 años, y de sus seis hijos, con quienes trabó "una amistad para siempre", Youssouf puso rumbo con su benefactora al aeropuerto de Gran Canaria, donde llegaron a las 16.00 horas del pasado viernes.

No fue hasta las 19.00 horas cuando despegó el avión. Antes pasaron muchos momentos de tensión y llegaron a considerar la opción de regresar a casa ante la negativa de la Policía de dejar pasar a Youssouf por diferentes motivos.

En una carpeta, Isabel llevaba todos los papeles con los que desmontaron una a una las objeciones de los agentes, entre ellos, la acreditación de cambio de domicilio a Valencia, el auto del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 5 de Las Palmas de Gran Canaria, una prueba de antígenos, el pasaporte y una petición de asilo.

"Solo nos faltaba la firma del rey", bromea Isabel, quien pese a mostrarle a la Policía todos estos documentos y hablar con ellos durante más de media hora, no logró que Youssouf pasara el control de seguridad para tomar su vuelo.

Al final "la excusa" para no querer dejarle volar fueron las restricciones por el covid, recuerda Isabel, quien, ya rendida, decidió regresar al coche y colocó en el maletero el equipaje de Youssouf para volver a casa.

Antes de arrancar, llamó a su abogado, quien la animó a entrar de nuevo en el aeropuerto para volver a intentarlo por última vez.

Se presentaron en la cola de facturación, habló una vez más con los policías y, ante la negativa de dejar pasar a Youssouf, les pidió su número de placa y fue a poner una denuncia en la Comisaría.

"No les culpo a ellos, son los de arriba los que mandan, pero había que hacer algo", asegura Isabel, quien cree que por encima de todo están los derechos que asisten a cualquier ciudadano, también a los inmigrantes.

Una vez en la Comisaría, donde pretendía que le dieran por escrito el motivo por el cual no dejaban a Youssef subirse al avión, los agentes cambiaron de opinión y, media hora antes de la salida del vuelo, decidieron que cumplía todos los requisitos.

"Lo llevé casi en volandas hasta el avión", rememora Isabel emocionada, quien mantiene un contacto muy estrecho con Youssouf a través de videollamadas y, por ello, sabe que por fin se encuentra en Valencia, donde trabajará en la agricultura.

"Mamá, eres grande", le dijo Youssouf entre lágrimas y abrazos a la que considera su madre canaria, quien lamenta el trato que el joven recibió en Canarias después de haberse despedido de su familia, gastado todos sus ahorros y haber puesto su vida en peligro en un viaje en cayuco que duró once días, los tres últimos sin agua ni comida.

Isabel considera que ha vivido "un auténtico sufrimiento" tanto en la travesía como en el muelle de Arguineguín y en el hotel, donde le "amenazaron" con llevarle al campamento para inmigrantes de Las Raíces, en Tenerife, tras lo cual decidió vivir en la calle.

Deambulando por el sur de Gran Canaria y sin nada que comer lo encontró la hija de Isabel, quien le comentó la situación del joven a su madre y esta decidió acogerlo en casa para así darle "la dignidad y la humanidad" que el sistema no le había ofrecido.

Después de contar con el visto bueno de su marido Manolo y hacerse una prueba de antígenos para evitar problemas de salud, Youssouf se mudó con esta pareja de jubilados, quienes lo acogieron "con todo el amor del mundo".

La convivencia fue "maravillosa", porque Youssouf "es un ángel y una buena persona que solo busca un futuro para su familia", relata Isabel, quien varios días después de su marcha lo recuerda emocionada.

"¿Quién me ayudará ahora a limpiar los cristales?", bromea Isabel, que nunca olvidará el paso de Youssouf por su hogar y su vida y el fuerte olor a cebolla que salía de su cocina cuando el senegalés cocinaba un plato con pollo típico de su país, que luego devoraban los tres en la mesa. EFE

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