EFESanta Cruz de Tenerife

La mujer y el hijo mayor de Thomas Handrick, acusado del doble crimen de Adeje, aún vivían cuando fueron agredidos con una piedra de 8,5 kilos que les acabó rompiendo el cráneo y les provocó la muerte, que no fue inmediata, sino que se pudo producir en entre 15 y 20 minutos después.

Esa es la conclusión de los peritos del Instituto Nacional de Toxicología encargados del estudio hispatológico de muestras de órganos y elementos óseos de los cadáveres, según han contado en la cuarta jornada del juicio con jurado popular, en el que el fiscal pide, entre otras, la pena de prisión permanente revisable.

El informe del forense que practicó la autopsia, según han avanzado en su declaración estos dos peritos, apunta a un traumatismo encefálico severo, con pérdida de masa encefálica, como causa de la muerte.

En la parte que les toca, la del análisis de diferentes órganos, han señalado que tanto Jacob como Silvia fueron mortalmente heridos cuando estaban vivos por la detección de un edema y de grasa y médula en el pulmón.

Si la parada cardiorrespiratoria es inmediata, han explicado, no hay tiempo para que se produzca esa migración de tejido graso.

En este caso, en el que media un "mecanismo traumático", "se necesita estar vivo" para que el corazón siga latiendo y ese material llegue al pulmón, han especificado.

En cuanto a Silvia también analizaron huesos del cráneo y en la zona del cuero cabelludo detectaron heridas contusas con infiltración hemática y degeneración fibrilar, indicadores ambos de que la lesión se produjo en vida.

Preguntados por el abogado de la defensa si la muerte, si no inmediata, pudo suceder, por ejemplo, a los tres o cuatro minutos de ser golpeados con la piedra en la cabeza, uno de los peritos ha indicado que aunque inmediato, el fallecimiento se produjo más tarde de ese intervalo, dentro de la citada horquilla de los 15-20.

En ese tiempo, ha añadido, quienes sufren este tipo de lesiones están en un "estado agónico final, el cuerpo no responde", si bien ha rememorado un caso de un accidentado de tráfico con el cráneo destrozado que estuvo hablando en la ambulancia mientras lo llevaban al hospital, aunque acabó falleciendo.

"Las lesiones craneales graves no tienen por qué producir una muerte instantánea ni inmediata. Hay casos de supervivencias importantes", ha añadido este especialista, quien con todo ha dicho ser incapaz de determinar si Silvia y Jacob tuvieron o no sufrimiento o si estuvieron conscientes tras ser mortalmente agredidos.

Lo que ha quedado acreditado en el juicio es que la piedra de 8,5 kilos que supuestamente utilizó Thomas Handrick para perpetrar el doble crimen tenía restos biológicos (sangre y pelos) de su mujer e hijo mayor.

Así lo han confirmado dos especialistas de biología del servicio de criminalística de la Guardia Civil que han declarado este viernes también en condición de peritos.

Además, han detallado que las manchas de sangre y los pelos recuperados en el exterior de la cueva pertenecían todos a Silvia, y dentro, tanto en piedras, prendas y otros objetos identificaron los perfiles genéticos de la mujer, del niño y de ambos mezclados.

La Guardia Civil no halló un solo resto de sangre del acusado en el escenario del crimen, lo que refuerza la hipótesis de que las víctimas no tuvieron ocasión de defenderse o de que el ataque fue sorpresivo.

También, la ausencia de ADN del padre bajo las uñas de su mujer y su hijo, aunque en este caso los peritos del Instituto Nacional de Toxicología han indicado que este extremo "no se puede descartar completamente".

Bajo las uñas de Jacob, en un pelo adherido a su mano y en prendas de este hallaron mezcla de ADN suyo y de su madre.

Donde sí localizaron restos de Thomas Handrick fue en las prendas que arrojó a un contenedor de basura cerca de su casa, en las que también identificaron los perfiles genéticos de la madre, el hijo mayor y una mezcla de todos.

Otros profesionales del Instituto de Toxicología, en este caso del servicio de química, han establecido a partir del análisis del humor vítreo de los cadáveres, líquido gelatinoso del globo ocular, que el tiempo transcurrido desde la muerte hasta la toma de muestras fue de 41 a 42 horas en el caso de Silvia y de 40 en el caso de Jacob.

Estos peritos han aclarado que las ecuaciones del sistema con el que trabajan tienen desviaciones de hasta 20 horas, en función de diferentes condicionantes, como la forma de la muerte, la temperatura ambiente o el grado de putrefacción.

Pese a la discrepancia de ambos valores, que consideran como los más probables, no descartan que la data de muerte de madre e hijo fuera la misma.

Otros peritos han certificado que en la sangre de las víctimas no había restos de alcohol o drogas, solo de un diurético para la tensión en el caso de la madre, y que el tiempo transcurrido desde la última ingesta de comida hasta la muerte, o bien una interrupción de la digestión, osciló entre dos y cuatro horas.

Y han añadido que posiblemente ambos comieran fruta o verdura, que estaba en avanzado estado de digestión, y que no tomaron entre medias ningún tentempié, a no ser que fuera zumo o yogur, lo que resultaría indetectable en el análisis del contenido gástrico. EFE