EFELas Palmas de Gran Canaria

Quince jóvenes reducidos poco a más que piel y huesos por el hambre y la sed tras varias semanas a la deriva en un cayuco fueron enterrados el sábado en Gran Canaria con dos hermanos africanos como testigos, dos hombres que sin conocerles de nada quisieron que no se despidieran solos.

"Cuando las generaciones próximas vean el horror de los flujos migratorios, dirán: No es posible que haya gente capaz de meterse en una barca en el mar y morir como si no fuesen humanos", reflexiona Teo Bongdiale, mientra recuerda para Efe ese momento, que él quiso grabar con su móvil para que quedara constancia de la dureza, pero también dignidad con la que se despidió a esas personas.

Se trata de los quince cadáveres que un avión de Salvamento Marítimo localizó el 19 de agosto a 150 kilómetros de Gran Canaria a bordo de un cayuco a la deriva mientras buscaba otra patera.

Las autopsias de esas quince personas se completaron hace unos días, con un dictamen común: perecieron de hambre y sed de ocho a diez días antes de que los encontraran. Sufrieron una muerte lenta y terrible que los redujo a "saquitos de huesos, poco más", según ha relatado a Efe una de las forenses al cargo de los informes.

Con ese trámite completado, la Federación de Asociaciones Africanas de Canarias quiso que se les diera una sepultura digna, que ayudara a que, si en el futuro existe el más mínimo indicio de quienes son o si algún pariente los reclama, se sepa donde están.

El secretario de ese colectivo, Teo Bongdiale, nacido en Guinea Ecuatorial, se implicó en el caso casi desde la llegada del cayuco, porque la Delegación del Gobierno en Canarias les pidió ayuda para intentar identificar a esos quince cuerpos anónimos.

"La persona que nos llamó para pedirnos ayuda estaba en shock aún, de lo violento que fue para él encontrarse con cadáveres en descomposición que llevaban más de una semana en un cayuco. 'Es terrible', me decía", explica Bongdiale.

No fue posible, añade, pero la FAAC pensó que había que darles una despedida adecuada y sin incinerarlos, a ser posible, porque podría haber alguna reclamación legal en el futuro y si iban al crematorio ya no quedarían restos con los que cotejar una prueba de ADN, pero también porque la incineración no es una práctica ni común ni del todo bien aceptada en las culturas musulmanas.

En ello encontraron la complicidad del Ayuntamiento de Agüimes y de la parroquia del pueblo, que facilitaron quince nichos donde estas personas descansan desde el sábado identificadas por un número, aunque con ataúdes de colores diferentes, porque no había esos días la misma madera disponible para fabricar los quince.

Solo dos personas asistieron al sepelio: el propio Teo Bongdiale y el socio fundador de la FAAC y actual diputado en el Congreso por la provincia de Las Palmas, el senegalés Luc André Diouf.

"Luc me dijo: vamos a acompañar a nuestros hermanos. Yo grabé para que quedara constancia de todo. Había un olor muy desagradable, pero lo pudimos hacer, pudimos enterrarlos en un nicho. Porque pensábamos que sería mucho más triste que estuviesen en una fosa común y mucho más desagradable en una cultura islámica incinerar a unas personas como si fuesen material", relata el secretario de la Federación.

Teo Bongdiale guarda notas de dónde se ha enterrado a estos quince jóvenes y con qué número de nicho y de ataúd, y pide a las autoridades que tomen decisiones para afrontar este tipo de trances con un protocolo ya preestablecido, "porque la realidad es que van a seguir llegando muertos, esto es una hecatombe", se lamenta.

"Me dio muchísima pena, estamos rayando la pobreza humana con personas como estas, que vienen de un lugar completamente inhóspito, que se atreven a meterse en el Atlántico sin saber nada de nada y sin los recursos adecuados, que pagan una fortuna a los traficantes y mueren en el mar. Y vemos solo la punta del iceberg", advierte. EFE