EFEMaarouf uld Daa Nuakchot

La costa atlántica mauritana, con novecientos kilómetros de largo, se ha convertido en lugar de paso obligado de la creciente ola de cayucos venidos desde Senegal y con destino a las Islas Canarias, pero no son, al menos por ahora, lugar de salida de los grupos de emigrantes.

En la noche del lunes y la mañana del martes, dos embarcaciones con trescientos emigrantes a bordo fueron rescatadas por guardacostas mauritanos en dos puntos distintos, mientras que el mar expulsaba los cadáveres de dos subsaharianos, pasajeros de una de las barcas, que habían perecido ahogados.

Los náufragos, casi todos ellos senegaleses, viajaban a bordo de dos cayucos -uno de ellos con 160 ocupantes, el otro con 134-, que quedaron averiados y a la deriva junto a las localidades costeras de Chami (centro de Mauritania) y Nuamghar (norte).

Avistados primero por barcos de pesca mauritanos que faenaban en las inmediaciones, fueron finalmente rescatados por la Marina, que los trasladó a tierra antes de formalizar su expulsión inmediata hacia su país de origen, como suele ser habitual.

EL PRECEDENTE DE 2006

La reactivación de las rutas migratorias hacia Canarias recuerda, salvadas las distancias, a la llamada "crisis de los cayucos" de 2006: aquel año, llegaron a Canarias 31.678 personas en 515 barcas, unas cifras nunca vistas en un archipiélago de dos millones de habitantes y que multiplicaban por cuatro los inmigrantes que durante ese año cruzaron el estrecho de Gibraltar (unos 7.500).

Se calcula que 6.000 personas perecieron aquel año en alta mar en viajes fallidos, según un estudio del Instituto Internacional por la Paz.

Hoy estamos lejos de la época en que Nuadibú albergaba a miles de candidatos a la emigración hacia España: a esta ciudad industrial y pesquera afluían los subsaharianos que trabajaban en pequeños oficios hasta ahorrar lo suficiente para lanzarse a la travesía atlántica.

Según un antiguo aduanero reconvertido hoy en tareas de transitario en el puerto de Nuadibú, la ciudad ya no se presta al tráfico humano después de que desde aquellas fechas se reforzasen los controles de seguridad por parte de todos los organismos del estado.

A esto han contribuido las dotaciones de la policía nacional y la guardia civil españolas, que desde ese año están desplegadas en Nuadibú en tareas de vigilancia y patrullaje junto a sus pares mauritanos.

HASTA DIEZ DÍAS DE NAVEGACIÓN

Los hechos parecen dar la razón a esta fuente: son cada vez más los casos de cayucos que salen de Senegal y Gambia y simplemente "atraviesan" las aguas mauritanas y burlan la vigilancia de sus guardacostas.

En su ruta, los cayucos tienden a navegar sin alejarse mucho de la costa mauritana por dos razones: en previsión de una probable avería (como sucedió a las dos barcas encontradas esta semana) o para aprovisionarse rápidamente de agua y carburante en su larga ruta de hasta diez días en el mar.

El patrón del cayuco siempre tiene un "plan B" que incluye acercarse a la costa para el avituallamiento, aun a riesgo de ser detenido.

Admitiendo la incapacidad de los guardacostas mauritanos de vigilar íntegramente los novecientos0 kilómetros de litoral, la fuente evoca en voz baja otras posibilidades.

Y así, no descarta que la falta de motivación material y moral de estos guardacostas pueda tener sus consecuencias, concretamente que los agentes miren para otro lado y dejen pasar a emigrantes de terceros países con tal de que no terminen en suelo mauritano.

Esto contradice la política oficial de estrecha colaboración con España para reprimir toda salida ilegal de embarcaciones hacia las Canarias, una política que los distintos gobiernos de Nuakchot nunca han puesto en cuestión. EFE

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