EFEValladolid

Un tratado etnográfico, del que es autor el investigador Carlos Porro, ha codificado la memoria, voz y gestos de la provincia de Valladolid a la luz de los bailes y canciones tradicionales que ha recopilado durante las últimas cuatro décadas, un patrimonio al borde de la extinción, ha comentado a Efe.

La uniformidad social derivada del actual proceso de globalización "puede acabar con todo ello porque cada vez se pierde más ese apego por lo antiguo, por un patrimonio que a pesar de todo sigue estando ahí", ha alertado Porro, escritor, etnógrafo e investigador de la Fundación Joaquín Díaz, en Urueña (Valladolid).

"Bailes tradicionales en Valladolid", título de ese tratado que ha editado la Fundación con el apoyo de la Diputación y Junta de Castilla y León, no sólo recoge instrumentos, bailes, danzas, pasos y melodías tomadas en casi la mitad de los municipios de la provincia, sino que también incorpora testimonios de los vecinos.

Este es el principal valor añadido de un libro estructurado en veintitrés capítulos que incluye un estudio de la cuestión desde la aparición de las primeras agrupaciones folclóricas en Valladolid en 1920, y que analiza los coros y danzas durante la época de la posguerra, repasa las prohibiciones gubernamentales, y desemboca en la era moderna.

Gran parte de ese material "ha sido recopilado hace tres o cuatro años", ha insistido Porro sobre un acervo que aún anida en la memoria de los mayores como eslabón intermedio entre el pasado y el presente y que aún se puede sondear.

Por esta razón, no entiende que los actuales grupos de coros y danzas se dediquen a la recreación folclórica de un repertorio más que conocido, en vez de recoger material diferente y de forma directa de los propios protagonistas con otros ritmos, géneros y bailes.

A esta diversidad de matices contribuye "Bailes tradicionales en Valladolid", un libro que incorpora un disco con 144 temas bailables cantados al ritmo de dulzaina y tamboril, guitarra o pandereta "muy poco difundidos en la actualidad", ha lamentado.

A partir de la rueda, como germen de estilos y ritmos, analiza una variedad de estilos centrada en bailes corridos, redondilla y salteados, la jota en numerosas variantes, el baile llano castellano, las habas verdes, el chapurrao y la amplia variedad de bailes locales entre los que Porro ha censado el pingajo, las galas, las carrasquillas, los títeres y la jerigonza.

No faltan danzas procesionales en torno al santo local con su entradilla, danza y contradanza, así como los paloteos con sus lazos, cintas, castillo y culebra según los movimientos.

Todas las comarcas de Valladolid están representadas en este estudio: Valle del Duero, Campiña del Pisuerga, Valle de Esgueva, Montes Torozos, Tierra de Campos, Valle de Hornija, Tierras de Mwedina, Nava del Rey, Olmedo, Alaejos, Castronuño, Portillo, Tierra de Pinares, Campaspero y La Churrería. EFE