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Miguel Delibes tomó posesión de su silla "e" en la Real Academia Española el 25 de mayo de 1975 y su preocupación por el rumbo que tomaba el mundo en nombre de lo que llamamos progreso fue el eje de su discurso, que terminó recordando una frase de una canción: "¡Que paren la Tierra, quiero apearme!".

"Porque si la aventura del progreso, tal como hasta el día la hemos entendido, ha de traducirse inexorablemente, en un aumento de la violencia y la incomunicación; de la autocracia y la desconfianza; de la injusticia y la prostitución de la naturaleza; del sentimiento competitivo y del refinamiento de la tortura; de la explotación del hombre por el hombre y la exaltación del dinero, en ese caso, yo, gritaría ahora mismo, con el protagonista de una conocida canción americana: "¡Que paren la Tierra, quiero apearme!".

De esa forma acabó su discurso Miguel Delibes, que había sido elegido académico de la Lengua el 1 de febrero de 1973, con una candidatura que fue presentada por Vicente Aleixandre, Juan Antonio Zunzunegui y Julián Marías.

Dos años más tarde leyó su discurso en un salón abarrotado de familiares y amigos y había tanta gente que tuvo que entrar por un pasillo lateral ya que el central estaba lleno de público.

"Se recuerda todavía en la Real Academia Española la toma de posesión de Miguel Delibes a la que acudió un público entusiasta que llenó el salón de actos de la Casa tan pronto como se abrieron sus puertas", recuerda en declaraciones a Efe el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado.

"Presidía el acto, como es habitual, el director de la Academia, que era entonces Dámaso Alonso. No pudo don Dámaso, dice la crónica, acallar del todo el suave rumor de los que no tenían asiento, situados en el salón de actos y las estancias vecinas", dice Muñoz Machado.

Su discurso, "El sentido del progreso desde mi obra", era un alegato contra la destrucción de la naturaleza, el despilfarro y la deshumanización del progreso irresponsable, explica el escritor Jesús Marchamalo en "El libro de Miguel Delibes", en el que recuerda cómo el diploma de la RAE, firmado por Dámaso Alonso y Alonso Zamora Vicente, estuvo colgado en su dormitorio durante años.

Un discurso que comenzó advirtiendo a los académicos de que, a pesar del frac que vestía, que consideró un "disfraz" al que tenía escasa afición, se sentía "humana y literariamente muy poco académico, al menos en el sentido tradicional del término".

"Mis literaturas, deficitarias en tantos aspectos, no son precisamente admirables por su rigor gramatical y me consta, pongo por caso, que mis laísmos y leísmos son tomados a menudo como ejemplo, en algunas universidades, de lo que no es correcto hacer", sostuvo Delibes.

El escritor vallisoletano acudía a los plenos de la RAE con listas de palabras para que se estudiara su inclusión en el Diccionario, nombres de pájaros y plantas que recogía de sus paseos por el campo, indica Marchamalo, que asegura que le llegaron a decir: "El Diccionario de la RAE no es un diccionario ornitológico". Pero, a pesar de ello, treinta voces de pájaros se incluyeron a propuesta de Delibes.

El director de la RAE afirma también como los libros de Delibes "habían servido a muchos como guías para aprender a escribir bien con palabras muy usuales, dispuestas en relatos con protagonistas humildes que viven su vida, aparentemente anodina, en ambientes rurales".

Pero Delibes también fue "un escritor versátil, que demostró su capacidad para brillar en otras clases de literatura, haciendo gala de una gran técnica y facilidad narrativa, como sus libros demostraron", subraya Muñoz Machado.

Su amor por la lengua se reflejó en su llamada de atención sobre los vocablos relacionados con la naturaleza que habían caído en desuso y que, sospechaba, terminarían sin significar nada: "Me temo que muchas de mis propias palabras, de las palabras que yo utilizo en mis novelas de ambiente rural (...) van a necesitar muy pronto de normas aclaratorias, como si estuviesen escritas en un idioma arcaico o esotérico".

Un amor por la lengua que, recordaba el académico Pedro Álvarez de Miranda con motivo de la exposición sobre el escritor de la BNE, Delibes expresaba de esta forma cuando le preguntaban cuál era su relación estética y emocional con la lengua española: "De enamoramiento y, por consiguiente, de afán de perfeccionismo. Quisiera que ella fuera lo más y lo mejor". EFE

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