EFEValladolid

Una variante literaria, subgénero o especie ha inaugurado el escritor Rodrigo Muñoz Avia con "La tienda de la felicidad", una novela epistolar moldeada a través de mensajes de correo electrónico que acaba de presentar, este jueves, dentro de la 54ª Feria del Libro de Valladolid (FLV).

Su protagonista es Carmelo Durán, recluido voluntariamente delante de un ordenador conectado a internet y que confiere sentido a su existencia al determinar su forma de relacionarse con los demás (correos electrónicos), por una parte, y facilitar el aprovisionamiento de alimentos u otros enseres (pedidos online).

"Lo que se cuenta en la novela lo ha potenciado la pandemia: cada vez estamos más solos, aislados y escudados a las nuevas tecnologías" como si de un respirador artificial se tratara, necesario para sobrevivir, una opción que en el caso del protagonista del relato ha sido escogida libremente, ha explicado durante una rueda de prensa.

Las redes "proyectan una imagen ficticia de nosotros mismos, más agradable pero seguramente falsa", ha agregado Rodrigo Muñoz (Madrid, 1967), licenciado en Filosofía y Letras, y autor de las novelas "Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos" (2005), "Vidas terrestres" (2007) y "Cactus" (2015).

"Su mundo es su casa y el lenguaje" propiciado por las nuevas tecnologías que el autor vuelca en este divertido y emotivo relato a través de un tipo de personaje por el que siente un "cariño especial".

A Rodrigo Muñoz, autor de varios títulos de narrativa infantil y juvenil, le gusta explorar "caminos lingüísticos menos trillados" a través de seres "singulares, creativos y con un punto de locura" como es Carmelo Durán, dotado de una "gran capacidad de comunicación".

"La tienda de la felicidad" tiene su arranque en 2009, mucho antes de la pandemia y en una época donde el correo electrónico no había sido postergado por el Whatsapp, como sucede ahora, una circunstancia que le dio "mucha guerra" a la hora de afrontar la estructura y contenidos del libro.

Las redes sociales, ha admitido, es uno de los canales de comunicación que tiene con sus lectores, de los que recibe quejas, parabienes, matizaciones y todo tipo de comentarios que le pesan mucho, "me influyen demasiado", ha reconocido.

"Tampoco quiero ser muy dependiente de los deseos de la gente porque eso trae mucho peligro. No puedes escribir según el deseo de los lectores", ha concluido. EFE